lunes, 6 de abril de 2020

Viviendo en la distopía 23. Meta conseguida


6-4-2020

Pocas actividades hay que me produzcan tanto placer como andar, especialmente cuando lo hago por lugares desconocidos. Cuando voy por un camino, me siento como un elemento más del ambiente, como un cazador-recolector primitivo para el que todo en el mundo está dotado de alma propia, es secreto y mágico. Andando aprendo mucho: si voy acompañado, porque la charla suele ser distendida y aporta a mi razón puntos de vista distintos de los míos, que de otra forma permanecerían velados. Si voy solo, porque la mente hila pensamientos a la manera que el subconsciente genera los sueños, sin saber por qué y desde lo más adentro de mí mismo.

La vida es como un juego en el que hay que disfrutar las victorias parciales, porque al final siempre acabarás perdiendo. Los que han jugado conmigo saben que soy muy competitivo y que me gusta mucho ganar. Cuando no hay competidor, como es el caso del senderismo, la lucha siempre es contra uno mismo. En el senderismo hay que plantearse retos, si quieres tener el placer del juego. Yo me los planteo.

Todos los retos deben ser difíciles pero posibles. Ese lema de que "nada es imposible" es un cuento y genera muchas frustraciones. Hay muchas metas imposibles, casi todas lo son. A estas altura de mi vida, yo no puedo proponerme saltar dos metros de altura o aprender chino, por ejemplo. Mis metas tienen que ir en consonancia con mis potencialidades y no perjudicarme, ni física ni mentalmente. Otra cosa es que no conozca mis límites y me encoja, es decir, que me vea incapaz de algo para lo que con esfuerzo estaría capacitado.

Ayer era domingo. Los domingos salgo a andar y ayer anduve. ¿Que no tenía camino? Tenía el pasillo de mi casa. ¿Que no tenía compañía? Tenía el murmullo de mis propios pensamientos y, sobre todo, la posibilidad de estar haciendo otra cosa mientras andaba.

Tengo uno de esos relojes modernos que dicen cuántos pasos das. Yo me había propuesto el reto de dar 10.000, los mismos que me planteo como meta diaria y casi nunca consigo. Pues bien, al acabar el día el reloj recogía más de 12.700 pasos. Satisfacción plena, meta conseguida.