Frase original de los recordatorios
«No piense que es
imprescindible, porque nadie lo es. Ni piense que es necesario. Piense en lo
que puede aportar y tenga siempre las maletas preparadas para irse».
Artículo de Copilot (IA de
Microsoft)
En cualquier organización
—política, profesional o social— existe una tentación silenciosa: pensar que
uno es imprescindible. Que sin uno las cosas no funcionarían. Que el cargo
depende de la propia presencia. Es una ilusión comprensible, pero peligrosa.
Por eso es tan valiosa la recomendación
La primera parte es un acto de
humildad, pero también de lucidez. Nadie es imprescindible. Nadie es necesario.
Las instituciones siguen, los equipos se reorganizan, la vida continúa. Creerse
indispensable es una forma de soberbia que termina deformando el carácter y
empobreciendo la mirada.
Pero esta frase no busca
humillar, sino liberar. Porque cuando uno deja de creerse imprescindible, deja
de vivir con miedo. Cuando uno deja de creerse necesario, deja de aferrarse al
cargo. Cuando uno acepta que su presencia no es condición de posibilidad, puede
empezar a actuar con serenidad.
La segunda parte de la
expresión es aún más importante: piense en lo que puede aportar.
No se trata de ocupar un
puesto, sino de merecerlo. No se trata de conservar un espacio, sino de
justificarlo. No se trata de ser necesario, sino de ser útil.
Esta es una ética del
servicio, no de la posesión. El valor de una persona en un cargo no está en su
permanencia, sino en su contribución. No en su duración, sino en su impacto.
Y entonces llega la imagen más
poderosa de la frase: tenga siempre las maletas preparadas para irse. Es una
imagen de dignidad. De ligereza. De libertad interior.
Las maletas preparadas no
significan deseo de marcharse, sino capacidad de hacerlo sin romperse. Son un
recordatorio de que el poder es transitorio, de que los cargos son prestados y
de que la verdadera autoridad no depende de permanecer, sino de cómo se
permanece.