En el ecosistema político
actual, marcado por la dinámica de suma cero y la crispación, los medios de
comunicación han pasado de ser meros observadores o «árbitros» a convertirse en
catalizadores y actores centrales del conflicto.
Lejos de actuar como un
amortiguador del sectarismo, la estructura económica y tecnológica de los
medios contemporáneos tiende a incentivar y profundizar la polarización,
dejando a la postura equidistante en un callejón de muy difícil salida.
A continuación, se desglosan
los mecanismos clave a través de los cuales los medios moldean esta realidad:
1. El modelo de negocio de la
indignación (Outrage Economy)
Para entender el papel de los
medios actuales, hay que comprender su modelo financiero:
Economía de la atención: En
la era digital, el recurso escaso no es la información, sino la atención del
usuario. Las emociones de alta intensidad (como la rabia, la indignación, el
miedo o el desprecio al rival) son las que generan más clics, interacciones y
tiempo de permanencia.
Periodismo de trinchera y
monetización: La crispación es rentable. Formular titulares
hiperbólicos o polarizantes no es necesariamente un «error periodístico», sino
un diseño optimizado para capturar ingresos publicitarios y suscripciones de
comunidades ideológicamente homogéneas.
Segmentación de audiencias: En
lugar de buscar un público amplio y transversal mediante la neutralidad, muchos
medios apuestan por fidelizar nichos identitarios. Venden la confirmación de
los prejuicios del lector («sesgo de confirmación») más que información
compleja.
2. La trampa del «Bipartidismo
mediático» y la asfixia de la equidistancia.
En un clima de suma cero, la
mayoría de los grandes medios se alinean –explícita o implícitamente– con uno
de los bloques políticos. Esto produce varios efectos sobre la equidistancia:
Framing (Encuadre) maniqueo: La
actualidad se encuadra como una batalla constante entre dos relatos cerrados.
No hay espacio para la gradación: cualquier medida gubernamental o de la
oposición se presenta o como un éxito absoluto o como una traición intolerable.
El castigo al matiz:
Cuando un político, intelectual o analista adopta una postura de equidistancia
o reconoce aciertos en el «enemigo», la cobertura mediática afín a su bloque
tiende a calificarlo de blando, incoherente o directamente traidor.
Invisibilización del espacio
central: Las posturas moderadas o que buscan consensos técnicos
suelen tener poco espacio en las tertulias y portadas porque «no generan debate»
(es decir, no generan el espectáculo del enfrentamiento).
3. La «Falsa Equidistancia» (Bothsideism)
Los medios también incurren en
un fenómeno perverso cuando intentan parecer neutrales en entornos polarizados:
El Bothsideism (o
equidistancia impostada) es la práctica de dar exactamente el mismo peso,
tiempo y legitimidad a dos posturas contrapuestas, independientemente de la
carga de verdad, datos empíricos o consenso científico/jurídico que respalde a
cada una.
Ejemplo: Poner al mismo nivel
de legitimidad en un plató a un experto en salud pública y a un negacionista, o
dar el mismo tratamiento a una vulneración probada de las instituciones
democráticas que a una mera queja partidista sin fundamento.
Resultado: Esta «equidistancia
formal» destruye el rigor periodístico, confunde a la ciudadanía y termina
favoreciendo al actor político que desinforma o tensa las reglas del juego.
4. El papel acelerador de las
redes sociales y las tertulias
El ecosistema mediático
contemporáneo no se entiende sin la simbiosis entre la televisión/prensa
tradicional y las plataformas digitales (X/Twitter, TikTok, YouTube):
La tertulia como espectáculo
de lucha libre: Las tertulias políticas en televisión y radio han sustituido
progresivamente el análisis sociológico o técnico por la confrontación de
activistas mediáticos que representan a cada bloque. El objetivo no es
persuadir al otro, sino «noquearlo» para generar un clip viral.
Cámaras de eco y algoritmos:
Las plataformas de redes sociales devuelven a los medios tradicionales una
señal distorsionada: premiar lo más extremo. Los medios retroalimentan esa
señal produciendo contenidos aún más polarizados para no quedar fuera de la
conversación social.
Resumen:
El periodismo genuinamente
independiente no consiste en buscar una equidistancia matemática ni en repartir
culpabilidades a partes iguales para quedar bien con todos, sino en aplicar el
mismo rasero crítico a todos los actores políticos. Sin embargo, mientras el
incentivo económico y la demanda del público primen la emoción violenta sobre
el rigor, los medios seguirán siendo el motor principal de la crispación.
*Todo el texto está elaborado con
la IA de Gemini