Frase original de los recordatorios
«Si no cobraba por dedicar un
tiempo a una asociación, no cobre por dedicárselo a una institución pública».
Artículo de Copilot (IA de
Microsoft)
Hay principios que no
necesitan adornos para ser contundentes. Este es uno de ellos: si no cobraba
por dedicar un tiempo a una asociación, no cobre por dedicárselo a una
institución pública.
La frase es sencilla, pero su
alcance es enorme. No habla solo de dinero. Habla de coherencia. Habla de
integridad. Habla de la tentación —muy humana— de cambiar de principios cuando
cambia el escenario.
En el ámbito privado, en una
asociación, en un club, en una entidad sin ánimo de lucro, uno suele actuar por
convicción: porque cree en la causa, porque le importa la gente, porque siente
que su tiempo tiene un valor que no necesita ser remunerado. Ese tiempo es
voluntario, limpio, desinteresado.
Pero cuando uno entra en una
institución pública aparece una tentación nueva: la de “profesionalizar” ese
mismo tiempo simplemente porque ahora hay un presupuesto disponible. La de
convertir en remunerado lo que antes era vocación. La de justificar un cobro no
por el esfuerzo, sino por la oportunidad.
La expresión corta esa
tentación de raíz. Plantea una pregunta incómoda y necesaria: si antes no
cobraba, ¿qué ha cambiado realmente? ¿El trabajo o la posibilidad de cobrar por
él?
La frase obliga a mirarse al
espejo. A preguntarse si la motivación sigue siendo la misma. A distinguir
entre el servicio y el interés. A no confundir el cargo con un pretexto para
obtener lo que antes no se necesitaba.
No se trata de negar la
legitimidad de los salarios públicos. Se trata de algo más fino: no convertir
en negocio lo que antes era compromiso. No aprovecharse del cargo para obtener
una retribución que no se justificaba en el ámbito privado. No cambiar de
principios cuando cambia el contexto.
La coherencia es una forma de
autoridad moral. Y la incoherencia, una forma de empobrecimiento interior.
Por eso esta expresión es tan
valiosa. Porque no pide sacrificios heroicos. No pide renunciar a derechos
legítimos. Pide algo más exigente: ser la misma persona en lo público que en lo
privado.
Si uno dedicaba su tiempo a
una asociación sin cobrar, es razonable que se pregunte por qué debería cobrar
por dedicar ese mismo tiempo —o un tiempo similar— a una institución pública. La
respuesta no siempre será sencilla, pero la pregunta es imprescindible.