lunes, 26 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (2/8). La lógica de suma cero*

 

La lógica de suma cero es una forma de entender una relación o un juego donde todo lo que uno gana, lo tiene que perder el otro.

El nombre viene de la matemática más simple: si sumas lo que gana un lado (+1) y lo que pierde el otro (-1), el resultado final es cero (1 + (-1) = 0). No se crea nada nuevo, solo se reparte un pastel de tamaño fijo.

Un ejemplo cotidiano para entenderlo:

Imagina que tú y un amigo tenéis una sola manzana:

Lógica de suma cero: si tú te comes la manzana entera (+1), tu amigo se queda sin nada (-1). Para que tú ganes, él tiene que perder necesariamente. No hay forma de que los dos salgáis ganando del todo.

Lógica de suma positiva (lo contrario): imagina que, en vez de pelear por la manzana, la usáis para plantar un árbol. En unos años, los dos tenéis manzanas de sobra. Ahí los dos ganáis.

¿Cómo se aplica a la vida real y a la política?

Cuando una conversación o una situación política cae en la lógica de suma cero, la gente piensa así:

1. «Su victoria es mi derrota»: Si el partido que no me gusta consigue aprobar una ley o se apunta un tanto, yo siento que he perdido, aunque esa ley también me beneficie a mí.

2. «No hay espacio para negociar»: Buscar un punto intermedio se ve como una rendición. Si cedo un poco, siento que le estoy «regalando» el triunfo al rival.

3. El conflicto es inevitable: La única meta es aplastar o superar al contrario, porque se asume que el mundo es una tarta pequeña y que, si no te la comes tú, se la comerá él.

En resumen: La lógica de suma cero es la mentalidad del «o tú o yo», donde es imposible que ambos ganen al mismo tiempo.


* Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

domingo, 25 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (1/8). Presentación

 

El arte de pensar y el arte de vivir están siempre en gestionar adecuadamente lo que se nos ofrece por todas partes. Están en el examen de los destalles, no en la digestión inmediata del trazo grueso. Están en la búsqueda, en el camino, en aprender, en recibir, en escuchar.

Están en la asimilación tras la reflexión, en la que siempre debe anidar la duda. Por ello, no hay verdadera reflexión en la doctrina, pues toda doctrina es, por definición, un corpus cerrado.

El arte de pensar y el arte de vivir están en la gestión adecuada, por ejemplo, de la memoria y el olvido, materiales ambos de los que está hecha la naturaleza. Lo están para las personas y, en el mismo sentido, lo están para las sociedades.

Pero los medios de comunicación nos ofrecen información con el sesgo de los catecismos y en las conversaciones no hay afán de aprender, sino de hacer proselitismo. No aprovechamos las ideas del otro, sino que las recibimos atrincherados, como si vinieran del otro lado de un frente de guerra, adonde lanzamos las nuestras con la intención de que hagan ver la luz a nuestros confundidos enemigos.

Ahora, en España, si no hablas visceralmente a favor de Pedro Sánchez o visceralmente en contra de Pedro Sánchez, eres alguien que escurre el bulto o, aún peor, un teórico (se entiende que «visceralmente» es aquí la palabra más importante).

En esas circunstancias, es mejor no hablar en público, donde la equidistancia está castigada. Pero uno siempre puede hablar consigo mismo, con los personajes de sus obras y, en los últimos tiempos, con la IA, que es otra forma de soliloquio.

Eso he hecho con la IA de Gemini sobre este preciso asunto. Como lo que he extraído podría servir a alguien en mi situación, he seleccionado algunos de esos textos y los voy a traer aquí.

La conversación es conmigo y mía es la elección, así que mía es también la opinión que aquí se ofrece, de la que me responsabilizo por completo, como de todo lo que aparece en esta página.

Como anticipo (y resumen) de lo que viene seguidamente, nada mejor que este podcast del genial de Carlos Ortega sobre la crispación.



lunes, 19 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (y 7/7) La credibilidad*

 

Aunque el diccionario de la Real Academia Española se refiere a lo «creíble» como aquello «que puede o merece ser creído», en política la credibilidad no es una cualidad adscrita a una persona por la cual sus mensajes tienden a ser entendidos como veraces por otras, sino una relación entre una persona y un conjunto de personas, en la que tan importante es la cualidad de la que emite el mensaje como la disposición a aceptarlo de las personas que lo reciben, que pueden actuar  movidas por los juicios previos y el autoengaño, sobre los que influye continuamente toda suerte de propaganda.

Un líder puede haber perdido toda su credibilidad «objetiva» y seguir siendo creído por una masa ingente de seguidores (que suelen ser los simpatizantes ancestrales del partido), como puede negar la evidencia impunemente o puede impunemente manipular lo obvio, porque para los seguidores la credibilidad no deriva de las cualidades de su líder, sino de su afán de creerlo, esto es, depende únicamente de ellos, como la fe en un ser superior depende de la actitud del creyente.

Los líderes políticos, pues, pierden la credibilidad para quienes no son sus seguidores. Para sus seguidores no pierden la credibilidad, sino que sus seguidores pierden la fe en él. Hasta que eso ocurra (y puede ocurrir, pues todas las fes pueden perderse), la mentira del líder será absolutamente creíble.


*Esta serie de entradas coincide en su literalidad con un artículo que publiqué en la revista «Sitio Cero» el 18 de febrero de 2013.

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domingo, 18 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (6/7) La ejemplaridad

 

Los políticos deberían ser conscientes de que sus actuaciones generan felicidad o sufrimiento y de que el sufrimiento que provocan en el cuerpo social se somatiza y produce enfermedades sociales o incrementa las existentes. (Deberían ser conscientes, por ejemplo, de que su corrupción como clase facilita la coartada de los ciudadanos corruptos y el abatimiento de los cumplidores y de que sus rencillas generan fracturas sociales). Y los políticos deberían ser conscientes de que su misión última es liderar un proyecto en el que la verdad final sea mayor que la verdad al inicio de su mandato. Y liderar supone ponerse al frente del grupo y asumir los riesgos que conlleva la verdad, exigiéndose a sí mismo más de lo que les exigirían a sus seguidores y más de lo que les exigirían a sus enemigos.

Los políticos, sin embargo, no suelen tener a la verdad en el horizonte, sino al poder, por más que enmascaren ese fin presentando como interés público desde el principio hasta el final lo que solo es interés público en algún tramo del camino, y para conseguirlo utilizan sistemáticamente la parte de la verdad que les interesa o, directamente, la mentira.

Y los políticos fomentan los juicios previos y el autoengaño para convertir a los ciudadanos en seguidores fieles, a fin de que los voten por sistema y de que los disculpen siempre. A los juicios previos los disfrazan de ideología. Para el autoengaño, cuentan con fórmulas similares a las que los individuos emplean en su vida privada, como «si no lo hacen los nuestros, lo harán los otros con menos razón y peores formas»; o como «no me persiguen a mí, sino a todos nosotros»; o como «si nosotros somos corruptos, imaginaos cómo serán nuestros adversarios».


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sábado, 17 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (5/7) Las sociedades se merecen siempre lo mejor


Dado que los líderes sociales son unos ciudadanos más, podría pensarse que administran la verdad y la mentira en sus actuaciones con una proporción similar a la existente en la sociedad, o dicho sea de otra forma, que cuando se expresa que cada sociedad tiene los líderes que se merece se está haciendo referencia a que las sociedades sanas tendrán buenos líderes en tanto que las sociedades enfermas los tendrán nefastos, lo cual sería especialmente acertado cuando se habla de los dirigentes públicos en las sociedades democráticas, ya que surgen de un proceso electoral en el que el participa el pueblo, esto es, podría suponerse que el virus que afecta a una sociedad democrática debe viciar inevitablemente a esa parte de ella misma que son sus dirigentes políticos.

Si los electores, en efecto, se equivocan a veces en las sociedades sanas eligiendo a quien no les conviene, más lo harán en las enfermas, en las que los criterios que mueven a los electores están viciados de raíz. Pero es en la elección, también, donde está el procedimiento para la superación de la enfermedad. No en vano, el proceso electoral no pretende escoger a una muestra de los ciudadanos, como sucedería si el nombramiento de los líderes se hiciera por sorteo, sino a los mejores de ellos.

Para que eso ocurra, los ciudadanos deben ser conscientes siempre de que se merecen más como sociedad de lo que se merecen como individuos. En la sociedad, están ellos, que incumplen las normas y mienten, pero también están los ciudadanos que cumplen las normas, y está, sobre todo, el proyecto que desean para sus hijos, que ha de ser de una sociedad más justa y más próspera, es decir, con un peso menor de la mentira. Los individuos, pues, pueden tener los gobernantes que se merecen, pero no los tienen las sociedades, que se merecen siempre los mejores gobernantes, lo que supone que siempre tienen derecho a exigirlos, por muy enfermas que estén.


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viernes, 16 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (4/7) La defensa del individuo corriente: el autoengaño y las ideas previas

 

En ese medio ambiente social, el individuo corriente cuenta con dos artificios aparentemente inocuos para sobrevivir, prosperar y defenderse de los más osados (de los más mentirosos): el autoengaño y las ideas previas.

El autoengaño

La mentira más extendida es la que el sujeto se hace a sí mismo, en función de la cual disculpa sus comportamientos contrarios a lo que un día le dictó su conciencia o a lo que en circunstancias similares le exige a los demás. Esa disculpa tiene formas diversas, aunque la más extendida suele ser buscarse el amparo de los incumplimientos ajenos. «No voy a ser yo más tonto que nadie», por ejemplo. O: «Todo el mundo lo hace». O: «Si no lo hago yo, lo hará otro con menos legitimación que yo».

Así, el que critica el fraude fiscal de un dirigente público al mismo tiempo que no incluye todos sus ingresos en la declaración de la renta o exige que las facturas le lleguen sin el impuesto correspondiente, el que censura al empresario explotador pero no cumple sus obligaciones laborales con su empleada de hogar y el que reprocha los ardides de quien pretende colocar a sus hijos en la Administración después de haber fracasado él en el mismo intento.

El autoengaño, en fin, facilita que los individuos sigan exigiendo a otros (particularmente a sus dirigentes) el comportamiento que eluden para sí mismos.

Las ideas previas (pre-juicios)

Cuando el ser humano toma una decisión como miembro de la sociedad, no lo hace gestionando variables ciertas, sino ideas que como mucho son aproximaciones de la verdad. Por eso, la intuición, que prescinde del razonamiento pero echa mano de conocimientos residuales y ocultos, es tan importante a la hora de tomar decisiones, y por eso en el universo social es mejor utilizar unas cuantas ideas claras que un montón de datos, a diferencia de lo que sucede en el universo físico, donde los datos son imprescindibles.

Los seres humanos conjeturan la naturaleza ininteligible de ese universo social y se sienten perdidos si no cuentan con referencias ciertas que les sirvan para guiarse por él, referencias, no obstante, que no pueden ser sino subjetivas por naturaleza, anteriores al conocimiento, obtenidas más por la educación que por la experiencia y que sirven para proporcionales seguridad.

Por ello, cuanto más insegura se siente una persona, más ideas previas necesita y de más rigidez. Por el contrario, cuanto más libre es y cuanto más dispuesta está a aceptar lo contingente de su destino (desde todos los puntos de vista), menos ideas previas necesita y más flexibles son estas.

Las ideas previas se refuerzan en el grupo de afines y, reforzadas, proporcionan más seguridad en la respuesta a los problemas personales o las situaciones donde la razón entra en conflicto. Los líderes de los grupos lo saben y procuran la cohesión de los mismos con mensajes que tienden a alimentar la unidad y, cuando el grupo está a la defensiva, a fijar abismos en las fronteras intelectuales del conjunto. Cuando el grupo se siente fuerte y está en expansión, en cambio, se sabe con capacidad para digerir y asimilar las ideas extrañas y los líderes tienden puentes hacia el exterior a fin de incrementar el número de adeptos.



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jueves, 15 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (3/7) La gestión de la verdad y la mentira.


En ese medio natural, nunca progresan los que siempre van con la verdad por delante. Unas veces porque se les teme (porque son de temer, en realidad) y otras porque con la verdad descubren unas carencias que les son necesarias o unas dotes que, a los ojos de los demás, les sobran. Los que triunfan son los que mejor saben gestionar la verdad y la mentira, esto es, los que, sin romper el equilibrio social en el que se integran, actúan de acuerdo con la verdad cuando les interesa y cuando les interesa actúan de acuerdo con la mentira.

Cuando los miembros incumplidores de un órgano colegiado, por ejemplo, deben elegir de entre ellos a un director, raramente optan por el más recto. En una sociedad en la que abunda la economía sumergida, es muy difícil el éxito de una empresa totalmente legal. Si la hacienda pública no persigue el fraude con ahínco, los que más pagan no son los que más ganan, sino los que más declaran. Si la función pública admite sobornos, las resoluciones las conseguirán antes los más adinerados y los menos virtuosos.

Como de deduce de los ejemplos anteriores, la distribución de la verdad y la mentira en ese equilibrio sistémico tiene sus consecuencias: a más participación de la mentira, más deterioro ético, más ruina social y más empobrecimiento económico. Las sociedades enfermas son aquellas en las que la distribución de la verdad y la mentira configura un equilibrio insano en favor de la última. Con el agravante de que el peso se desliza por inercia hacia una mayor proporción de esta, dado que, como hemos visto, son los mentirosos (los que cometen fraude, los que engañan, los insolidarios) los que triunfan, esto es, existe una pedagogía del éxito que tiende a fomentar el engaño.

Cuando la mentira no está castigada ni cuando se descubre, surge la figura de los cínicos, aquellos farsantes para quienes ya no es necesario el disimulo. La enfermedad de la sociedad, entonces, adquiere tintes dramáticos, pues son los cumplidores los que acaban siendo sometidos al escarnio público.

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