lunes, 4 de mayo de 2020

Viviendo en la distopía 51. La pintura


4-5-2020

Yo soy narrador y reconozco mucha dificultad para expresarme. Los narradores usamos las palabras y las palabras están llenas de contenido, no siempre igual para todos. Hay que tomar las palabras adecuadas e hilarlas de tal forma que dejen en los lectores una emoción o una idea y los hagan disfrutar. Hay mucho proceso en todo esto, mucha pérdida de eficacia en la comunicación, pues no siempre se toman las palabras adecuadas, no siempre se hilan de forma que expresen lo que tú quieres, no siempre lo que has expresado es lo que le ha llegado al lector y no siempre lo que le ha llegado al lector es hermoso.

Si el arte es el instrumento que lleva el alma del artista al alma del observador, la Literatura (con la excepción de la poesía) es un medio que necesita codificar y descodificar y en el que hay mucha pérdida de información. En eso sale perdiendo con la Música, que solo tiene forma y va directamente del alma al alma, hasta el punto de que una melodía no se puede describir con palabras, por muy bien hiladas que estén. Sale perdiendo con la Danza, con la Arquitectura, con la Escultura y con la Pintura, todas ellas artes que hacen sentir de inmediato, sin necesidad de más proceso comprensivo, sin necesidad de más explicaciones, incluso sin necesidad de entender: te gusta lo que has visto, llega a lo más adentro de ti, y ya está.

Uno no tiene vocación por la escritura, sino por la expresión, por el arte, en fin. Si tuviera que volver a empezar, probablemente no sería narrador e intentaría llegar a los demás utilizando una modalidad artística más directa. No tengo oído para la música ni cuerpo para la danza, pero bien podía haber tenido habilidades para alguna de las otras artes que he mencionado. Y, en todo caso, me habría formado en ellas de la mano de profesores insignes y disfrutado mucho aprendiendo.

Mari Cruz Sanz, compañera de trabajo y amiga, me ha invitado a que continúe en Facebook una cadena de amistad y arte, tras referirse a mí con unos elogios evidentemente exagerados. Yo podría corresponderle en los elogios, e incluso hacerlos más nobles y elevados, porque virtudes la adornan como para eso, pero sé que a su natural sencillo no le gustaría. No puedo dejar de decir, sin embargo, que Mari Cruz ha encontrado en la pintura lo que yo ando buscando en la literatura desde que era un adolescente y componía historias en el patio de la casa de mis padres, la forma ideal para expresarse.

Los pintores sois artistas afortunados, Mari Cruz, a poco que abandonéis la artesanía y os dejéis llevar por la creación. La pintura es un arte divino. El Dios Hacedor, el que creó el mundo, era pintor, y escultor, y arquitecto, no narrador. Luego, vinieron los literatos y contaron lo que había hecho Dios o se limitaron a imitarlo creando mundos ficticios semejantes a este, solo eso.