miércoles, 21 de noviembre de 2012

El mejor jamón del mundo



 

                Mientras repasaba las fotos de la dehesa que hice en la ruta del domingo pasado, qué casualidad, he oído en la radio a un señor hablando de lo bueno que es el jamón de Jabugo, de Extremadura y de Guijuelo, esto es, de las cuatro denominaciones de origen de jamón ibérico que existen sólo ha dejado fuera a la de Los Pedroches. Que conste que no era un señor entendido, sino un vulgar consumidor de jamón (el adjetivo "vulgar", aquí, está puesto a conciencia), como debe de haber muchos, lo que me ha recordado a aquel refrán que habla de la desigual relación que existe entre la fama y el mérito: “Unos crían la fama y otros cardan la lana”.

             Muchos criadores de cerdos de Los Pedroches se quejan de que la reglamentación del jamón ibérico está hecha para la “cantidad”, porque detrás de la cantidad hay muchos votos, y no para la “calidad”, que es difícil de obtener y tras la cual hay pocos votos. Por eso, la reglamentación llama cerdo ibérico a cerdos que no son ibéricos puros, sino sólo cruzados con ibéricos (especialmente los duroc), y se empantana a la hora de clasificar la forma en que se ha alimentado el cerdo (cebo, recebo, campo y bellota). 

 Para obtener un buen jamón, como ocurre con cualquier producto, lo esencial es tener buenas materias primas. Lo primero, por supuesto, tener un buen cerdo. Si se dice que el buen cerdo es el ibérico, pues, obviamente, un cerdo ibérico puro (y no solamente un cerdo negro o de pata negra, color que pueden proporcionarlo otras especies), ya que lo contrario sería dar gato por liebre. Y si se dice que el cerdo ibérico puro debe ser de campo y estar alimentado con bellota, es imprescindible, obviamente, tener un buen bosque de dehesa, dado que este bosque está formado por encinas, que son las que dan las bellotas. (El frío seco, en estos tiempos, se genera con instalaciones mecánicas iguales en todas partes y la transformación se realiza tanto aquí como allí de la mano de técnicos que aprenden en las mismas escuelas, por lo que ni uno ni otra son verdaderamente relevantes).

Como lo obvio no necesita demostración, no voy a cansar a nadie con más argumentos y voy a ir directamente al grano: Los Pedroches tienen los mejores cerdos ibéricos puros y el bosque de dehesa más extenso y mejor conservado. El que lo dude, que se dé una vuelta por esta singular comarca de la periferia de Andalucía, o, si es uno de los pacientes seguidores de esta página a los que esta fortuna no le es posible, que mire en una de esas webs que muestras con detalle cada árbol y rastree su territorio, especialmente el ubicado más al Este. El que dude de cuanto le digo, en fin, que coma jamón en algunos de los restaurantes de la zona o que pruebe uno con la denominación de origen “Los Pedroches”, el mejor jamón del mundo. 

 La ruta que hemos seguido parte de la carretera de Pozoblanco a La Canaleja, como a dos kilómetros del campo de golf municipal de Pozoblanco, y toma el Oeste en un punto que hace límite con el término de Añora, por el que ha discurrido todo nuestro periplo. El camino del Toril Alto, que así es como se llama el primero que hemos tomado, es ancho y cómodo, y se abre entre bosques de encinas relativamente jóvenes y prados muy verdes, en los que pastan vacas de carne y de leche, caballos y, sobre todo, cerdos, que ahora están aprovechando la montanera. 

 Estamos en la zona más alta de la penillanura de Los Pedroches y prácticamente en el límite de las cuencas del Guadalquivir y del Guadiana, de manera que los arroyos que nacen aquí van hacia el Sur, hacia el Guadalquivir, en tanto que lo que nacen un poco más al Norte son tributarios del Guadiana. Arroyos, con lo que ha llovido, hay por todas partes. Los mismos caminos son un arroyo. Especialmente lo es el que lleva del paraje del Toril Alto al de Cerro Castillo, que debe bajar casi cien metros de cota hasta su encuentro con la carretera de Pozoblanco a Villaharta. En su último tramo, el de más pendiente, el caminante debe andar por algunos momentos con las botas metidas en el agua, que corre sobre la roca de pizarra de pared a pared. Por cierto, la pizarra, que no el granito, es la protagonista geológica de este territorio, en el que chocan las tierras agrícolas mejores (la Jara) con las de menor calidad (la Serrezuela).

 En la llanura del paraje de Cerro Castillo hay muchos chalets modernos, vestigios de la época visigoda y, en los montes que lo rodean por el Este, numerosas trincheras de la Guerra Civil, pues aquí estuvo uno de los frentes más cruentos de la denominada batalla de Pozoblanco. Nosotros no nos hemos parado a ver las trincheras, ni los vestigios visigodos, ni los chalets, ni hemos caminado hacia la zona central de la planicie, y nos hemos vuelto sin pararnos por el mismo camino, aunque luego hemos tomado otro más angosto y más estrecho, de los llamados de herradura, que nos ha devuelto al del Toril Alto tras hacer un buen trayecto por el que la cartografía del Instituto Geográfico Nacional denomina de la Cucharera. 

 Como la caminata ha sido corta, no hemos hecho ganas de comer sino al final, de modo que al terminar nos hemos ido al pantano que hay en la cabecera del arroyo Santa María, que está muy próximo, y allí, sentados a la vera del agua, hemos tomado un bocado en el que, al contrario que otras veces, no ha habido jamón de Los Pedroches. Una verdadera lástima.