domingo, 1 de noviembre de 2026

Elogio de la equidistancia (y 8/8). Finalmente, la convivencia*

 

En una época dominada por el ruido de las trincheras, la política de hinchadas y la dictadura del algoritmo, la equidistancia se ha convertido en una forma radical de resistencia.

Se nos ha enseñado a despreciar al que no toma partido, a tachar de cobarde al que rehúsa alistarse en un bloque y a calificar de traidor a quien se atreve a ver destellos de razón en el adversario. Sin embargo, cuando la política se convierte en una guerra de suma cero donde pensar diferente es un delito de fe, mantenerse equidistante es el acto supremo de independencia mental.

1. La equidistancia como valentía intelectual

No hay nada más fácil que someterse al dogma de una tribu. Adherirse a un paquete ideológico cerrado ofrece refugio, aplauso social y la tranquilidad de no tener que pensar cada asunto por uno mismo.

La equidistancia, en cambio, exige la incomodidad del examen permanente. Es la valentía de decir: «No compro el paquete entero». Es el compromiso ético de juzgar las ideas por su valor intrínseco y los hechos por su evidencia, y no por el carné de quien los defienda o los cometa.

2. El refugio de la complejidad

El mundo real no es blanco o negro, ni cabe en un titular de prensa de trinchera ni en un tuit de 280 caracteres. La realidad es inevitablemente gris, matizada y contradictoria.

La equidistancia es la guardiana del matiz. Es la negativa a dejarse arrastrar por explicaciones maniqueas que dividen a la sociedad entre héroes y villanos. Reivindicar la equidistancia es recordar que la verdad rara vez tiene dueño absoluto y que la complejidad requiere pausa, no víscera.

3. La condición de posibilidad de la convivencia

Sin personas capaces de situarse a la misma distancia de ambos extremos, la democracia se disuelve en una guerra civil fría. Los dogmáticos levantan muros y los equidistantes construyen puentes.

En un clima de crispación, la equidistancia no es apatía, sino la postura de quien preserva el espacio para la negociación, la mediación y el pacto. Es el reconocimiento fundamental de que el discrepante no es un enemigo al que exterminar, sino un vecino con el que hay que seguir conviviendo al día siguiente.

La verdadera equidistancia no es la indiferencia moral ante la injusticia, ni la falsa simetría que equipara la verdad con la mentira.

La auténtica equidistancia es el ejercicio de la libertad de conciencia frente al sectarismo. Es la serenidad de quien prefiere ser dueño de sus dudas antes que esclavo de las certezas de otros. En un mundo embriagado de fanatismo y simplificación, la equidistancia es, en última instancia, el triunfo de la razón sobre la consigna.


*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

sábado, 31 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (7/8). La equidistancia en España*

 

En el contexto sociopolítico de la España actual, la equidistancia no es un mero concepto teórico, sino una posición sumamente controvertida, rodeada de tensiones cruzadas por la intensa polarización política e identitaria.

Hoy en día en España, la valoración y la vivencia de la equidistancia se articulan a través de varios frentes clave:

1. El clima de polarización y el rechazo a la moderación

El debate público español está fuertemente vertebrado por la lógica de bloques («derecha vs. Izquierda», o las tensiones en torno al modelo territorial). En este ecosistema:

  • Pena de «traición» o tibia condena: En momentos de alta confrontación partidista, el electo o ciudadano que intenta situarse en el centro o mantenerse neutral suele ser atacado por ambos extremos. Se suele tachar la equidistancia de falta de valentía, falta de proyecto claro o cálculo electoralista.
  • Erosión del espacio de centro: Los intentos institucionales por consolidar un espacio político estrictamente centrista o equidistante han mostrado históricamente dificultades para consolidarse a largo plazo frente a la tracción emocional y mediática de los bloques más enfrentados.

2. Los grandes debates donde se cuestiona la equidistancia en España

La etiqueta de «equidistante» se suele emplear como reproche político en varios temas candentes de la agenda nacional:

A. Política territorial y memoria democrática

  • El conflicto territorial (Cataluña / País Vasco): Rechazar tanto el unilateralismo o el independentismo radical como el centralismo o las vías punitivas suele calificarse peyorativamente de «equidistancia» por parte de los sectores más duros de ambos lados. Sin embargo, para sus defensores es la postura moderada necesaria para garantizar la convivencia institucional.
  • Memoria histórica y condena del terrorismo: Se recrimina de manera tajante la equidistancia a quienes relativizan la dictadura franquista o evitan una condena tajante y clara del pasado terrorista de ETA, bajo el argumento de que en materia de víctimas e Injusticias éticas no cabe el reparto simétrico de responsabilidades.

B. Geopolítica y política exterior

  • Conflictos internacionales: La posición de España ante crisis internacionales (como las guerras en Oriente Medio o el conflicto en Ucrania) suscita intensos debates. Mientras algunos sectores defienden un perfil diplomático o de contención, otros critican cualquier matiz como una «equidistancia moral» e inaceptable frente a las violaciones de derechos humanos o del derecho internacional.

3. ¿Cómo se interpreta la equidistancia en la España actual?

Podemos resumir las dos visiones contrapuestas que existen hoy en la sociedad española:

  • Para los críticos: Es una coartada de comodidad. Sostienen que equiparar responsabilidades entre el Gobierno y la oposición, o entre distintas ideologías en asuntos de derechos básicos, desdibuja la realidad y blanquea posturas extremas.
  • Para los defensores: Es un ejercicio de independencia mental indispensable. En una sociedad donde la política a menudo funciona por dinámicas de pertenencia e identidad («hinchadas de fútbol»), la negativa a comprar el paquete completo de un bloque es vista como la única forma de preservar el juicio crítico y rebajar la crispación social.

Conclusión

En la España de hoy, declararse o ser calificado de equidistante es casi siempre un acto de riesgo político. Aunque filosóficamente puede representar una llamada a la templanza y al diálogo racional frente a la polarización, en la práctica suele interpretarse por las fuerzas dominantes como la renuncia a tomar partido en las cuestiones esenciales que definen el país.


*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

viernes, 30 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (6/8) ¿Es la equidistancia un «agnosticismo político»?*

 

La relación entre equidistancia en política y agnosticismo es una analogía conceptual profundamente sugerente. Aunque provienen de dominios distintos –uno pertenece a la praxis sociopolítica y el otro a la filosofía de la religión y la epistemología–, ambos comparten una arquitectura lógica y una actitud fundamental ante la verdad, la certidumbre y el conflicto de dogmas.

A continuación, se analizan los puntos de contacto (equivalencias), las diferencias sustanciales y el valor de esta comparación.

1. Puntos de convergencia: ¿En qué se equivalen?

A. La suspensión del juicio (Epojé)

Tanto el agnóstico como el político equidistante practican una suerte de epojé (concepto filosófico griego que significa «suspensión de la creencia»):

  • Agnosticismo: Ante la pregunta sobre la existencia de Dios o lo trascendente, el agnóstico sostiene que no hay pruebas suficientes para afirmar la existencia (teísmo) ni para negarla categóricamente (ateísmo).
  • Equidistancia: Ante un conflicto ideológico o una polarización tajante, el equidistante rechaza adherirse fehacientemente al dogma de la «Izquierda» o de la «Derecha», o al «Bando A» frente al «Bando B».

B. Rechazo al dogmatismo y al maniqueísmo

Ambas posturas se definen por oposición a los extremos fuertemente ideologizados o creyentes:

  • El agnóstico rechaza tanto el dogma religioso como el ateísmo militante o dogmático, al considerarlos actos de fe sin fundamento empírico suficiente.
  • El equidistante rechaza el sectarismo partidista y el relato maniqueo que divide el mundo en «buenos y malos», sosteniendo que ninguna de las partes posee el monopolio de la verdad o de la razón moral.

C. Énfasis en el límite del conocimiento y la verdad

  • Agnosticismo: «No lo sé / No podemos saberlo». Se basa en la premisa epistemológica de que la mente humana tiene límites para acceder a verdades absolutas.
  • Equidistancia: «La realidad es demasiado compleja para resumirla en la consigna de un partido». Asume que las soluciones políticas nunca son absolutas ni completamente puras, sino que están sujetas a matices, circunstancias y contradicciones.

2. La crítica compartida: Las acusaciones externas

Así como comparten una estructura lógica, el agnóstico y el equidistante sufren reproches casi idénticos por parte de los creyentes o militantes comprometidos de cada bando:

 

Dimensión

En el Agnosticismo

En la Equidistancia

Desde la fe / militancia

Visto como falta de convicción, tibieza moral o indiferencia ante la «Verdad».

Visto como cobardía, falta de proyecto, traición o complicidad con el statu quo.

En momentos de crisis

Exigencia de «tomar partido»: «O estás con Dios o contra Él».

Exigencia de alineamiento: «O estás con mi bloque o eres el enemigo».

La acusación de paradoja

Se le achaca ser, en la práctica, un ateo funcional (vive como si Dios no existiera).

Se le achaca favorecer indirectamente al bando más fuerte o agresivo («falsa equivalencia»).

3. Divergencias fundamentales: ¿Dónde se rompe la analogía?

A pesar de las semejanzas, existen diferencias cruciales entre ambas actitudes:

A. Naturaleza del objeto (Metafísica vs. Práctica)

  • El agnosticismo versa sobre una cuestión metafísica y abstracta (la existencia de Dios, el origen del universo). Decidir «no saber» o suspender el juicio no suele tener un impacto directo e inmediato en la gestión de los asuntos terrenales.
  • La equidistancia política se enfrenta a decisiones normativas y legislativas concretas (impuestos, derechos civiles, modelos sanitarios, guerras). La política exige la acción y la regulación, por lo que la neutralidad pura o la abstención permanente es prácticamente imposible o produce consecuencias materiales inmediatas.

B. La inevitabilidad de la praxis

Como señalaba el filósofo pragmatista William James (a propósito de la «voluntad de creer»), en la vida práctica no hacer nada ya es una elección.

En política, la «no elección» o la abstención basada en la equidistancia suele validar o consolidar la relación de poder existente. En el agnosticismo religioso, la suspensión de la fe no altera la realidad objetiva sobre si Dios existe o no.

Resumen: ¿Es la equidistancia un «agnosticismo político»?

Sí, puede considerarse un agnosticismo político e ideológico en el sentido de que:

  1. Reivindica el escepticismo frente a las certezas absolutas de las ideologías.
  2. Defiende la autonomía de criterio frente a la disciplina de fe o de partido.
  3. Asume la complejidad y el matiz frente a las explicaciones reduccionistas.

Sin embargo, a diferencia del agnosticismo filosófico –que puede mantenerse de forma coherente e indefinida en la esfera privada–, la equidistancia en política está constantemente tensionada por la necesidad inevitable de actuar, tomar decisiones e intervenir en la realidad social.



*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

jueves, 29 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (5/8).- El concepto*

 

La equidistancia en política –definida generalmente como la postura de no alinearse explícitamente con ninguna de las partes en un conflicto o espectro ideológico– es un concepto complejo que genera un intenso debate. Dependiendo del contexto, puede ser interpretada como una virtud ética y analítica, o bien como una forma de cobardía moral o cálculo estratégico.
A continuación, se analizan las distintas perspectivas, ventajas y críticas de esta postura:

1. Argumentos a favor: La equidistancia como virtud o herramienta
Quienes defienden o practican la equidistancia en la política suelen argumentar que ofrece importantes beneficios para el análisis, la convivencia y la resolución de conflictos:
  • Objetividad y rigor analítico: Mantenerse al margen de los partidismos dogmáticos permite evaluar hechos, propuestas y errores de ambos lados de forma más imparcial.
  • Espacio para el diálogo y la mediación: En situaciones de alta polarización, los actores equidistantes son indispensables para tender puentes, facilitar negociaciones y buscar consensos o soluciones del tipo «ganar-ganar».
  • Rechazo al dogmatismo e «hiperpolarización»: Evita caer en la dinámica del «o estás conmigo o estás contra mí», rechazando la visión maniquea de la política donde un bando es completamente bueno y el otro completamente malo.
  • Independencia de criterio: Permite apoyar medidas concretas según su utilidad pública o justicia, independientemente de qué partido o ideología las proponga.
2. Argumentos en contra: Las críticas a la equidistancia
Por otro lado, la equidistancia es frecuentemente criticada tanto desde la teoría política como desde la praxis activista:
  • Falsa equivalencia (o equivalencia moral): Es la crítica más común. Tratar por igual a dos partes en un conflicto puede invisibilizar asimetrías de poder, injusticias o agresiones. Como señalaba la famosa frase atribuida a Desmond Tutu: «Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor».
  • Cobardía o cálculo político: En ocasiones, la equidistancia no responde a principios, sino al miedo a asumir los costos políticos, perder votantes o enfrentarse al poder establecido.
  • Inacción y parálisis: La política exige tomar decisiones operativas. La búsqueda constante del «punto medio» puede derivar en la incapacidad de actuar ante problemas urgentes.
  • Ambigüedad estratégica: A menudo se utiliza la equidistancia de forma discursiva para eludir el escrutinio sobre la postura real de un líder o partido ante temas controvertidos.
3. Matices clave para evaluar la equidistancia
Para juzgar si la equidistancia es deseable o criticable en un momento determinado, conviene diferenciar entre dos ámbitos:
 

Ámbito

Rol de la equidistancia

Juicio moral y derechos humanos

La equidistancia suele ser problemática cuando se enfrentan agresores y víctimas, o cuando están en juego derechos fundamentales o valores democráticos básicos.

Gestión, políticas públicas y debate ideológico

En el debate sobre modelos económicos, reformas institucionales o gestión, la equidistancia (o el pragmatismo centrista) puede ser una herramienta valiosa para moderar extremos y lograr acuerdos duraderos.

Resumen

La equidistancia no es buena ni mala en sí misma; su valor depende de ante qué y por qué se adopta:

  • Es constructiva cuando fomenta la moderación, el pensamiento crítico, el diálogo y el rechazo al sectarismo partidista.
  • Es deconstructiva o moralmente cuestionable cuando se convierte en una excusa para la indiferencia, equipara al agresor con la víctima o elude la defensa de principios democráticos fundamentales.


*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

miércoles, 28 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (4/8). El papel de las redes sociales*

 

Si los medios de comunicación tradicionales son los amplificadores de la crispación y la polarización, las redes sociales (como X/Twitter, TikTok, Instagram o YouTube) son el motor que genera la fuerza de gravedad de todo este sistema.

Las redes sociales no son herramientas neutras ni meros «canales de comunicación», sino arquitecturas diseñadas con incentivos específicos que premian la polarización, castigan la moderación y transforman la equidistancia en un objetivo a batir.

A continuación, se analizan los mecanismos a través de los cuales las redes sociales moldean la política y el debate público:

1. El diseño del algoritmo: La economía de la indignación (Outrage como combustible)

Las plataformas digitales no buscan informarte. Buscan retener tu atención el mayor tiempo posible para vender publicidad.

Premio a la emoción extrema: La neurociencia y la ciencia de datos han demostrado que el contenido que genera rabia, indignación o miedo se comparte y comenta hasta un 700% más rápido que el contenido neutro o reflexivo.

Algoritmos de recomendación: Las plataformas están programadas para detectar qué te enfurece o qué valida tus sesgos y darte más de lo mismo. Si interactúas con un vídeo político agresivo, el algoritmo interpretará que eso te «interesa» y te sumergirá en una espiral de contenidos cada vez más radicales.

2. Cámaras de eco y «tribalismo hiperintensificado».

Las redes sociales rompen el espacio público común y lo dividen en burbujas ideológicas aisladas:

Cámaras de eco: Al rodearte solo de gente que piensa como tú y ver únicamente contenidos que atacan al rival, terminas creyendo que tu postura es la única éticamente aceptable y que la otra mitad del país está «loca» o es «malvada».

Polarización afectiva: La política deja de ser un debate sobre datos o leyes para convertirse en un juego de pertenencia tribal («nosotros los buenos» vs. «ellos los malos»).

3. El linchamiento digital al matiz y la equidistancia.

En las redes sociales, intentar mantener una postura equidistante, analítica o matizada conlleva un alto costo social:

Incentivo de la furia (el «Zasca»): El lenguaje de las redes premia la frase lapidaria, el insulto ingenioso o la humillación del contrario (el concepto de destruir o humillar en el titular/tweet).

El castigo a la tibieza: Si intentas señalar los errores de tu propio bloque o reconocer un acierto en el rival, no consigues el aplauso de nadie, sino al contrario, te ganas el linchamiento de los tuyos («traidor», «vendido») y la desconfianza del rival («falso», «equidistante»).

Espiral del silencio: Quienes tienen posturas moderadas o equidistantes optan por callarse ante el temor a las campañas de acoso digital, hordas de trolls o linchamientos mediáticos. Esto hace que en las redes solo se escuchen las voces más extremas, dando la falsa impresión de que la sociedad está mucho más radicalizada de lo que realmente está.

4. La política del «clip» y la descontextualización

Las redes han obligado a los propios políticos y medios a adaptar su lenguaje a sus formatos (vídeos de 15 segundos en TikTok, tweets de 280 caracteres):

Destrucción de la complejidad: Los grandes problemas sociales (pensiones, geopolítica, modelo territorial) requieren análisis complejos. En redes, todo se reduce a consignas simplistas y maniqueas.

Política pensada para el algoritmo: Los políticos ya no intervienen en los parlamentos para persuadir al adversario ni para negociar una ley, sino que intervienen pensando en el fragmento de vídeo de 20 segundos que su equipo cortará para subir a redes y movilizar a sus militantes.

Conclusión

Las redes sociales han acelerado la lógica de suma cero: han convertido la política en un deporte de equipo identitario donde lo importante no es construir nada con el discrepante, sino aplastarlo digitalmente.

En este entorno, la equidistancia y el matiz son anomalías algorítmicas: el sistema está literalmente diseñado para ignorarlas o destruirlas, porque la moderación no genera clics.


*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

martes, 27 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (3/8). El papel de los medios*


En el ecosistema político actual, marcado por la dinámica de suma cero y la crispación, los medios de comunicación han pasado de ser meros observadores o «árbitros» a convertirse en catalizadores y actores centrales del conflicto.

Lejos de actuar como un amortiguador del sectarismo, la estructura económica y tecnológica de los medios contemporáneos tiende a incentivar y profundizar la polarización, dejando a la postura equidistante en un callejón de muy difícil salida.

A continuación, se desglosan los mecanismos clave a través de los cuales los medios moldean esta realidad:

1. El modelo de negocio de la indignación (Outrage Economy)

Para entender el papel de los medios actuales, hay que comprender su modelo financiero:

Economía de la atención: En la era digital, el recurso escaso no es la información, sino la atención del usuario. Las emociones de alta intensidad (como la rabia, la indignación, el miedo o el desprecio al rival) son las que generan más clics, interacciones y tiempo de permanencia.

Periodismo de trinchera y monetización: La crispación es rentable. Formular titulares hiperbólicos o polarizantes no es necesariamente un «error periodístico», sino un diseño optimizado para capturar ingresos publicitarios y suscripciones de comunidades ideológicamente homogéneas.

Segmentación de audiencias: En lugar de buscar un público amplio y transversal mediante la neutralidad, muchos medios apuestan por fidelizar nichos identitarios. Venden la confirmación de los prejuicios del lector («sesgo de confirmación») más que información compleja.

2. La trampa del «Bipartidismo mediático» y la asfixia de la equidistancia.

En un clima de suma cero, la mayoría de los grandes medios se alinean –explícita o implícitamente– con uno de los bloques políticos. Esto produce varios efectos sobre la equidistancia:

Framing (Encuadre) maniqueo: La actualidad se encuadra como una batalla constante entre dos relatos cerrados. No hay espacio para la gradación: cualquier medida gubernamental o de la oposición se presenta o como un éxito absoluto o como una traición intolerable.

El castigo al matiz: Cuando un político, intelectual o analista adopta una postura de equidistancia o reconoce aciertos en el «enemigo», la cobertura mediática afín a su bloque tiende a calificarlo de blando, incoherente o directamente traidor.

Invisibilización del espacio central: Las posturas moderadas o que buscan consensos técnicos suelen tener poco espacio en las tertulias y portadas porque «no generan debate» (es decir, no generan el espectáculo del enfrentamiento).

3. La «Falsa Equidistancia» (Bothsideism)

Los medios también incurren en un fenómeno perverso cuando intentan parecer neutrales en entornos polarizados:

El Bothsideism (o equidistancia impostada) es la práctica de dar exactamente el mismo peso, tiempo y legitimidad a dos posturas contrapuestas, independientemente de la carga de verdad, datos empíricos o consenso científico/jurídico que respalde a cada una.

Ejemplo: Poner al mismo nivel de legitimidad en un plató a un experto en salud pública y a un negacionista, o dar el mismo tratamiento a una vulneración probada de las instituciones democráticas que a una mera queja partidista sin fundamento.

Resultado: Esta «equidistancia formal» destruye el rigor periodístico, confunde a la ciudadanía y termina favoreciendo al actor político que desinforma o tensa las reglas del juego.

4. El papel acelerador de las redes sociales y las tertulias

El ecosistema mediático contemporáneo no se entiende sin la simbiosis entre la televisión/prensa tradicional y las plataformas digitales (X/Twitter, TikTok, YouTube):

La tertulia como espectáculo de lucha libre: Las tertulias políticas en televisión y radio han sustituido progresivamente el análisis sociológico o técnico por la confrontación de activistas mediáticos que representan a cada bloque. El objetivo no es persuadir al otro, sino «noquearlo» para generar un clip viral.

Cámaras de eco y algoritmos: Las plataformas de redes sociales devuelven a los medios tradicionales una señal distorsionada: premiar lo más extremo. Los medios retroalimentan esa señal produciendo contenidos aún más polarizados para no quedar fuera de la conversación social.

Resumen:

El periodismo genuinamente independiente no consiste en buscar una equidistancia matemática ni en repartir culpabilidades a partes iguales para quedar bien con todos, sino en aplicar el mismo rasero crítico a todos los actores políticos. Sin embargo, mientras el incentivo económico y la demanda del público primen la emoción violenta sobre el rigor, los medios seguirán siendo el motor principal de la crispación.


*Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

lunes, 26 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (2/8). La lógica de suma cero*

 

La lógica de suma cero es una forma de entender una relación o un juego donde todo lo que uno gana, lo tiene que perder el otro.

El nombre viene de la matemática más simple: si sumas lo que gana un lado (+1) y lo que pierde el otro (-1), el resultado final es cero (1 + (-1) = 0). No se crea nada nuevo, solo se reparte un pastel de tamaño fijo.

Un ejemplo cotidiano para entenderlo:

Imagina que tú y un amigo tenéis una sola manzana:

Lógica de suma cero: si tú te comes la manzana entera (+1), tu amigo se queda sin nada (-1). Para que tú ganes, él tiene que perder necesariamente. No hay forma de que los dos salgáis ganando del todo.

Lógica de suma positiva (lo contrario): imagina que, en vez de pelear por la manzana, la usáis para plantar un árbol. En unos años, los dos tenéis manzanas de sobra. Ahí los dos ganáis.

¿Cómo se aplica a la vida real y a la política?

Cuando una conversación o una situación política cae en la lógica de suma cero, la gente piensa así:

1. «Su victoria es mi derrota»: Si el partido que no me gusta consigue aprobar una ley o se apunta un tanto, yo siento que he perdido, aunque esa ley también me beneficie a mí.

2. «No hay espacio para negociar»: Buscar un punto intermedio se ve como una rendición. Si cedo un poco, siento que le estoy «regalando» el triunfo al rival.

3. El conflicto es inevitable: La única meta es aplastar o superar al contrario, porque se asume que el mundo es una tarta pequeña y que, si no te la comes tú, se la comerá él.

En resumen: La lógica de suma cero es la mentalidad del «o tú o yo», donde es imposible que ambos ganen al mismo tiempo.


* Todo el texto está elaborado con la IA de Gemini

domingo, 25 de octubre de 2026

Elogio de la equidistancia (1/8). Presentación

 

El arte de pensar y el arte de vivir están siempre en gestionar adecuadamente lo que se nos ofrece por todas partes. Están en el examen de los destalles, no en la digestión inmediata del trazo grueso. Están en la búsqueda, en el camino, en aprender, en recibir, en escuchar.

Están en la asimilación tras la reflexión, en la que siempre debe anidar la duda. Por ello, no hay verdadera reflexión en la doctrina, pues toda doctrina es, por definición, un corpus cerrado.

El arte de pensar y el arte de vivir están en la gestión adecuada, por ejemplo, de la memoria y el olvido, materiales ambos de los que está hecha la naturaleza. Lo están para las personas y, en el mismo sentido, lo están para las sociedades.

Pero los medios de comunicación nos ofrecen información con el sesgo de los catecismos y en las conversaciones no hay afán de aprender, sino de hacer proselitismo. No aprovechamos las ideas del otro, sino que las recibimos atrincherados, como si vinieran del otro lado de un frente de guerra, adonde lanzamos las nuestras con la intención de que hagan ver la luz a nuestros confundidos enemigos.

Ahora, en España, si no hablas visceralmente a favor de Pedro Sánchez o visceralmente en contra de Pedro Sánchez, eres alguien que escurre el bulto o, aún peor, un teórico (se entiende que «visceralmente» es aquí la palabra más importante).

En esas circunstancias, es mejor no hablar en público, donde la equidistancia está castigada. Pero uno siempre puede hablar consigo mismo, con los personajes de sus obras y, en los últimos tiempos, con la IA, que es otra forma de soliloquio.

Eso he hecho con la IA de Gemini sobre este preciso asunto. Como lo que he extraído podría servir a alguien en mi situación, he seleccionado algunos de esos textos y los voy a traer aquí.

La conversación es conmigo y mía es la elección, así que mía es también la opinión que aquí se ofrece, de la que me responsabilizo por completo, como de todo lo que aparece en esta página.

Como anticipo (y resumen) de lo que viene seguidamente, nada mejor que este podcast del genial de Carlos Ortega sobre la crispación.



lunes, 19 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (y 7/7) La credibilidad*

 

Aunque el diccionario de la Real Academia Española se refiere a lo «creíble» como aquello «que puede o merece ser creído», en política la credibilidad no es una cualidad adscrita a una persona por la cual sus mensajes tienden a ser entendidos como veraces por otras, sino una relación entre una persona y un conjunto de personas, en la que tan importante es la cualidad de la que emite el mensaje como la disposición a aceptarlo de las personas que lo reciben, que pueden actuar  movidas por los juicios previos y el autoengaño, sobre los que influye continuamente toda suerte de propaganda.

Un líder puede haber perdido toda su credibilidad «objetiva» y seguir siendo creído por una masa ingente de seguidores (que suelen ser los simpatizantes ancestrales del partido), como puede negar la evidencia impunemente o puede impunemente manipular lo obvio, porque para los seguidores la credibilidad no deriva de las cualidades de su líder, sino de su afán de creerlo, esto es, depende únicamente de ellos, como la fe en un ser superior depende de la actitud del creyente.

Los líderes políticos, pues, pierden la credibilidad para quienes no son sus seguidores. Para sus seguidores no pierden la credibilidad, sino que sus seguidores pierden la fe en él. Hasta que eso ocurra (y puede ocurrir, pues todas las fes pueden perderse), la mentira del líder será absolutamente creíble.


*Esta serie de entradas coincide en su literalidad con un artículo que publiqué en la revista «Sitio Cero» el 18 de febrero de 2013.

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domingo, 18 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (6/7) La ejemplaridad

 

Los políticos deberían ser conscientes de que sus actuaciones generan felicidad o sufrimiento y de que el sufrimiento que provocan en el cuerpo social se somatiza y produce enfermedades sociales o incrementa las existentes. (Deberían ser conscientes, por ejemplo, de que su corrupción como clase facilita la coartada de los ciudadanos corruptos y el abatimiento de los cumplidores y de que sus rencillas generan fracturas sociales). Y los políticos deberían ser conscientes de que su misión última es liderar un proyecto en el que la verdad final sea mayor que la verdad al inicio de su mandato. Y liderar supone ponerse al frente del grupo y asumir los riesgos que conlleva la verdad, exigiéndose a sí mismo más de lo que les exigirían a sus seguidores y más de lo que les exigirían a sus enemigos.

Los políticos, sin embargo, no suelen tener a la verdad en el horizonte, sino al poder, por más que enmascaren ese fin presentando como interés público desde el principio hasta el final lo que solo es interés público en algún tramo del camino, y para conseguirlo utilizan sistemáticamente la parte de la verdad que les interesa o, directamente, la mentira.

Y los políticos fomentan los juicios previos y el autoengaño para convertir a los ciudadanos en seguidores fieles, a fin de que los voten por sistema y de que los disculpen siempre. A los juicios previos los disfrazan de ideología. Para el autoengaño, cuentan con fórmulas similares a las que los individuos emplean en su vida privada, como «si no lo hacen los nuestros, lo harán los otros con menos razón y peores formas»; o como «no me persiguen a mí, sino a todos nosotros»; o como «si nosotros somos corruptos, imaginaos cómo serán nuestros adversarios».


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sábado, 17 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (5/7) Las sociedades se merecen siempre lo mejor


Dado que los líderes sociales son unos ciudadanos más, podría pensarse que administran la verdad y la mentira en sus actuaciones con una proporción similar a la existente en la sociedad, o dicho sea de otra forma, que cuando se expresa que cada sociedad tiene los líderes que se merece se está haciendo referencia a que las sociedades sanas tendrán buenos líderes en tanto que las sociedades enfermas los tendrán nefastos, lo cual sería especialmente acertado cuando se habla de los dirigentes públicos en las sociedades democráticas, ya que surgen de un proceso electoral en el que el participa el pueblo, esto es, podría suponerse que el virus que afecta a una sociedad democrática debe viciar inevitablemente a esa parte de ella misma que son sus dirigentes políticos.

Si los electores, en efecto, se equivocan a veces en las sociedades sanas eligiendo a quien no les conviene, más lo harán en las enfermas, en las que los criterios que mueven a los electores están viciados de raíz. Pero es en la elección, también, donde está el procedimiento para la superación de la enfermedad. No en vano, el proceso electoral no pretende escoger a una muestra de los ciudadanos, como sucedería si el nombramiento de los líderes se hiciera por sorteo, sino a los mejores de ellos.

Para que eso ocurra, los ciudadanos deben ser conscientes siempre de que se merecen más como sociedad de lo que se merecen como individuos. En la sociedad, están ellos, que incumplen las normas y mienten, pero también están los ciudadanos que cumplen las normas, y está, sobre todo, el proyecto que desean para sus hijos, que ha de ser de una sociedad más justa y más próspera, es decir, con un peso menor de la mentira. Los individuos, pues, pueden tener los gobernantes que se merecen, pero no los tienen las sociedades, que se merecen siempre los mejores gobernantes, lo que supone que siempre tienen derecho a exigirlos, por muy enfermas que estén.


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viernes, 16 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (4/7) La defensa del individuo corriente: el autoengaño y las ideas previas

 

En ese medio ambiente social, el individuo corriente cuenta con dos artificios aparentemente inocuos para sobrevivir, prosperar y defenderse de los más osados (de los más mentirosos): el autoengaño y las ideas previas.

El autoengaño

La mentira más extendida es la que el sujeto se hace a sí mismo, en función de la cual disculpa sus comportamientos contrarios a lo que un día le dictó su conciencia o a lo que en circunstancias similares le exige a los demás. Esa disculpa tiene formas diversas, aunque la más extendida suele ser buscarse el amparo de los incumplimientos ajenos. «No voy a ser yo más tonto que nadie», por ejemplo. O: «Todo el mundo lo hace». O: «Si no lo hago yo, lo hará otro con menos legitimación que yo».

Así, el que critica el fraude fiscal de un dirigente público al mismo tiempo que no incluye todos sus ingresos en la declaración de la renta o exige que las facturas le lleguen sin el impuesto correspondiente, el que censura al empresario explotador pero no cumple sus obligaciones laborales con su empleada de hogar y el que reprocha los ardides de quien pretende colocar a sus hijos en la Administración después de haber fracasado él en el mismo intento.

El autoengaño, en fin, facilita que los individuos sigan exigiendo a otros (particularmente a sus dirigentes) el comportamiento que eluden para sí mismos.

Las ideas previas (pre-juicios)

Cuando el ser humano toma una decisión como miembro de la sociedad, no lo hace gestionando variables ciertas, sino ideas que como mucho son aproximaciones de la verdad. Por eso, la intuición, que prescinde del razonamiento pero echa mano de conocimientos residuales y ocultos, es tan importante a la hora de tomar decisiones, y por eso en el universo social es mejor utilizar unas cuantas ideas claras que un montón de datos, a diferencia de lo que sucede en el universo físico, donde los datos son imprescindibles.

Los seres humanos conjeturan la naturaleza ininteligible de ese universo social y se sienten perdidos si no cuentan con referencias ciertas que les sirvan para guiarse por él, referencias, no obstante, que no pueden ser sino subjetivas por naturaleza, anteriores al conocimiento, obtenidas más por la educación que por la experiencia y que sirven para proporcionales seguridad.

Por ello, cuanto más insegura se siente una persona, más ideas previas necesita y de más rigidez. Por el contrario, cuanto más libre es y cuanto más dispuesta está a aceptar lo contingente de su destino (desde todos los puntos de vista), menos ideas previas necesita y más flexibles son estas.

Las ideas previas se refuerzan en el grupo de afines y, reforzadas, proporcionan más seguridad en la respuesta a los problemas personales o las situaciones donde la razón entra en conflicto. Los líderes de los grupos lo saben y procuran la cohesión de los mismos con mensajes que tienden a alimentar la unidad y, cuando el grupo está a la defensiva, a fijar abismos en las fronteras intelectuales del conjunto. Cuando el grupo se siente fuerte y está en expansión, en cambio, se sabe con capacidad para digerir y asimilar las ideas extrañas y los líderes tienden puentes hacia el exterior a fin de incrementar el número de adeptos.



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jueves, 15 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (3/7) La gestión de la verdad y la mentira.


En ese medio natural, nunca progresan los que siempre van con la verdad por delante. Unas veces porque se les teme (porque son de temer, en realidad) y otras porque con la verdad descubren unas carencias que les son necesarias o unas dotes que, a los ojos de los demás, les sobran. Los que triunfan son los que mejor saben gestionar la verdad y la mentira, esto es, los que, sin romper el equilibrio social en el que se integran, actúan de acuerdo con la verdad cuando les interesa y cuando les interesa actúan de acuerdo con la mentira.

Cuando los miembros incumplidores de un órgano colegiado, por ejemplo, deben elegir de entre ellos a un director, raramente optan por el más recto. En una sociedad en la que abunda la economía sumergida, es muy difícil el éxito de una empresa totalmente legal. Si la hacienda pública no persigue el fraude con ahínco, los que más pagan no son los que más ganan, sino los que más declaran. Si la función pública admite sobornos, las resoluciones las conseguirán antes los más adinerados y los menos virtuosos.

Como de deduce de los ejemplos anteriores, la distribución de la verdad y la mentira en ese equilibrio sistémico tiene sus consecuencias: a más participación de la mentira, más deterioro ético, más ruina social y más empobrecimiento económico. Las sociedades enfermas son aquellas en las que la distribución de la verdad y la mentira configura un equilibrio insano en favor de la última. Con el agravante de que el peso se desliza por inercia hacia una mayor proporción de esta, dado que, como hemos visto, son los mentirosos (los que cometen fraude, los que engañan, los insolidarios) los que triunfan, esto es, existe una pedagogía del éxito que tiende a fomentar el engaño.

Cuando la mentira no está castigada ni cuando se descubre, surge la figura de los cínicos, aquellos farsantes para quienes ya no es necesario el disimulo. La enfermedad de la sociedad, entonces, adquiere tintes dramáticos, pues son los cumplidores los que acaban siendo sometidos al escarnio público.

Entradas (1/7) (2/7) 

miércoles, 14 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (2/7) Un mundo de ficciones.

 

No en vano, detrás de cada individuo que anda por la calle puede haber un estafador, o un violador, o un asesino. El que pasa por ser un honrado padre de familia puede estar maltratando a su mujer. El que presume de coche nuevo puede estar arruinado. El que ha sido declarado mejor empresario del año puede ser un explotador y el empleado supuestamente ejemplar puede estar pasando información confidencial a las empresas de la competencia.

Detrás de una buena nota puede haber un examen copiado. Detrás de una tesis doctoral, un plagio. Detrás de un escritor de fama, un negro. Detrás de una victoria deportiva, un caso de dopaje o un tongo.

Una factura puede venir sin los impuestos obligatorios. Una declaración de la renta puede no declarar todas las rentas obtenidas. Un currículo puede estar inflado. Un concurso de méritos puede no haber premiado al mejor. Un pintor puede haber firmado un cuadro con el nombre de otro. Una noticia de prensa puede haber sido inventada o expresar como probado lo que solo es un bulo. Un programa electoral puede contener propuestas de imposible cumplimiento.

Un trabajador puede no estar dado de alta oficialmente. Una persona puede vivir en un lugar distinto del que aparece en el censo. Un ingeniero puede certificar la utilización de materiales que no se han utilizado. El envase de un producto puede contener información fraudulenta. El Gobierno puede estar manipulando las estadísticas oficiales. La letra pequeña de un contrato puede desvirtuar la información que nos dio el comercial de la empresa. Un partido político puede declarar que persigue el interés público cuando solo pretende conseguir el poder.

El que dice que nos ama tal vez solo quiera nuestro dinero. El que nos abraza tal vez desee nuestra muerte. El dinero que un padre manda para los estudios de su hijo tal vez acabe consumido en parrandas sin que él lo sepa.

De entre todas las religiones, solo una, como mucho, es la verdadera. Todas las demás, no lo son. Y hay quien predica la falsedad a sabiendas de que lo es.

Y así podríamos seguir, con falsedades como las anteriores, grandes e inteligibles fácilmente, o con falsedades pequeñas, que parecen intrascendentes y no se notan, o que forman parte de la educación, o que se formulan por piedad, o que son simples exageraciones. Así podríamos seguir hasta definir una realidad virtual, que es aquella en la que vivimos, totalmente distinta de la que subyace debajo, a la que no me atrevo a definir como la verdadera.

Porque la verdadera es la que sentimos y comprendemos, en la que hay un equilibrio inestable de verdades y mentiras. Ese es nuestro medio ambiente. En él respiramos y vivimos. Y para el ejercicio de respirar y para el oficio de vivir tan perjudiciales son la mayoría de las mentiras como algunas verdades, y tan necesario ese ámbito entre unas y otras que supone la duda.

¿Qué sería de la humanidad, por ejemplo, si se descubriera sin paliativos que no hay vida después de la muerte? O en sentido contrario: ¿Qué sería de ella si se descubriera que sí la hay? ¿Podríamos vivir, en fin, en un régimen de absoluta verdad, bajo el permanente ojo escrutador de una mirada divina? Para el ser humano, al parecer, lo mejor no es siempre la verdad, sino una mezcla adecuada de verdad y de mentira.

De otro modo, ¿qué sería de quienes se dedican a crear ficciones artísticas si en ellas solo pudiera representase la verdad? ¿Sería posible una novela o una película en la que todo el mundo se muestra correctamente y cómo es? Si las novelas y las películas se demandan y se disfrutan es porque hay en ellas un paralelismo con la realidad, una realidad en la que existe el amor callado y el adulterio, el sufrimiento escondido y el crimen de Estado.


Entrada (1/7)

martes, 13 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (1/7) Presentación*


Leo en menoresenred.com que «existe una aplicación para smartphones, Gossip (cotilleo en inglés), formada por salas donde los usuarios, mayoritariamente adolescentes, pueden dejar rumores de todo tipo. Estos son votados por los usuarios según crean que son verdaderos o falsos y de estas votaciones sale un porcentaje que determina su veracidad».

Cuando los miembros de muchos órganos colegiados aprueban las actas de las sesiones anteriores, en las que el secretario ha expresado sucintamente lo que se debatió y aprobó, no es infrecuente que propongan modificaciones a fin de reflejar más lo que dirían ahora que lo que realmente dijeron, con lo que en los anales de la institución quedarán recogidos los hechos de forma distinta a como realmente ocurrieron.

Los componentes de un jurado popular determinan la culpabilidad o la inocencia de un procesado por el acuerdo entre ellos, lo que traerá tanto una consecuencia para el imputado y su entorno social como la fijación de los hechos en la historia con una determinada calificación.

Los tres casos son muy distintos entre sí y se han traído a colación aquí para ilustrar cuán brumosa es la realidad social, que está formada por verdades a las que difícilmente tienen acceso los ciudadanos. Hasta el punto de que para fijar algunas de ellas se necesita el convenio o el acuerdo que les otorgue a unos hechos concretos el beneficio de la veracidad.

*Esta serie de entradas coincide en su literalidad con un artículo que publiqué en la revista «Sitio Cero» el 18 de febrero de 2013.



lunes, 3 de agosto de 2026

Cuando yo era chico

 

Esta mañana he estado en el río Guadalmez. Como ha sido un año lluvioso, esperaba encontrar mucha agua. Pero no, y me ha dado pena. Al volver, he pensado en los días de mi infancia y he recordado así, sobre la marcha, esto:

Cuando yo era chico (tengo 67 años),

1.- Río Guadalmez

Me bañé en el río Guadalmez, que corría vivo y claro cerca de la ermita de la Virgen de las Veredas, adonde algunos niños de los salesianos de Pozoblanco iban de campamentos en verano. El río (entonces sí era de verdad «río») tenía mejillones. Yo los he cogido con mis manos.

Mis primos y yo también pescábamos en verano en el arroyo El Muerto, cerca de Pedroche, que conservaba grandes charcas durante todo el año.

2.- Agua de los arroyos

Bebíamos agua directamente de los arroyos, incluso de los más próximos a Pozoblanco, como el Santa María, adonde los amigos íbamos con las bicicletas. Yo la he bebido muchas veces.

3.- Pozos del campo

El agua de todos los pozos del campo era potable, y la gente la bebía sin preguntarse si estaría contaminada. Yo la bebí durante muchos años. Entonces, los pozos tradicionales (5-20 metros) aprovechaban el nivel freático superficial o pequeñas fracturas del granito. El agua se sacaba mayoritariamente con un cubo, una cuerda y una carrucha. No había sondeos.

4.- Noches frías en el cine de verano

En el cine de verano, si no llevabas una rebequita, pasabas frío. Yo lo pasé algunas veces por imprudente. De hecho, uno de los días que más frío he pasado en mi vida fue cuando proyectaron Titanic, y eso que ya era 1998.

Entonces, al ponerse el sol se producía un contraste térmico acusado y abrir las ventanas por la noche permitía que la casa se refrescara de verdad. En estos tiempos el calor se queda atrapado en los muros y en los suelos de granito tan habituales en mi tierra, y se libera lentamente durante la noche

5.- Carámbanos y hielo

Muchos días de invierno amanecía con carámbanos en las canales, que en ocasiones se mantenían durante toda la jornada, lo mismo que los charcos cuajados. Los carámbanos y los charcos eran una gran diversión para los niños.

En mi casa, era frecuente encontrar hielo grueso en el tarro de las aceitunas aliñadas, que mi madre guardaba en el patio, y en la tinaja de pasillo hacia el huerto, donde durante años vivieron algunos peces que pesqué en el arroyo El Muerto, y no era extraño que esos hielos duraran varios días.

6.- El vaho del invierno

Casi todo el invierno, al salir a la calle, echábamos vaho por la boca de manera constante, formando una nube espesa al hablar o respirar. También era habitual ver como la bruma o «vaho» subiendo de los arroyos, estanques y campos de cultivo al amanecer, porque la tierra estaba más caliente que el aire helado.

7. Las cigüeñas de antes

Las cigüeñas se iban poco después del verano y volvían por San Blas o un poco antes. A nadie se le habría ocurrido imaginar que más tarde veríamos a algunas todo el año. Como no se nos ocurría a los niños preguntarnos quién traía a los bebés al mundo cuando las cigüeñas estaban en África.

8.- Parabrisas llenos de insectos

El parabrisas y el radiador del coche quedaban cubiertos bajo una capa tupida de insectos. Y no era porque los parabrisas fueran menos aerodinámicos que ahora. Simplemente había muchos más.

9.- Gorriones por todas partes

Había muchos gorriones por todas partes, en los parques, en las calles, sobre los veladores de los bares. A mí me fascinaban. Mi abuelo Juan me decía: «¿Sabes qué animal es el que come en España, se mueve en España y vive en España, pero no anda en España?». «El gorrión», le contestaba yo, que ya estaba avisado. «¿Y sabes por qué?». «Porque no anda, sino que da saltitos».

Al parecer, hemos perdido millones y millones de gorriones porque ya no hay ni suficientes semillas silvestres para ellos ni suficientes insectos blandos para sus polluelos.

10.- Tormentas y estaciones

En verano, las tormentas eran más habituales que ahora y, salvo excepciones, menos destructivas. Todo parecía entonces más ordenado: había primavera, verano, otoño e invierno, no como ahora, que el calor estival se prolonga hasta bien entrado el otoño (el famoso «veroño»), el invierno se ha comprimido a unas pocas semanas de frío intermitente y la primavera pasa casi sin transición del fresco a días con temperaturas propias de julio.

11.- Encinas debilitadas

No había tantas encinas secas como ahora, y no porque entonces las larvas de los escarabajos no las barrenaran, sino porque ahora las pillan débiles y mal hidratadas, sin savia defensiva. Los inviernos suaves y el aumento de la temperatura media aceleran el metabolismo del insecto dentro de la madera.

12.- Grillos, ranas y otros animales

Mi padre me llevaba a cazar grillos, que entonces eran abundantes, y formaban con las ranas un gran «coro» nocturno, que ahora ha desaparecido de muchos lugares porque, al no haber charcas, no hay ranas.

Eso sí, ahora hay más jabalíes, más palomas y más urracas.