jueves, 21 de mayo de 2026

25 recordatorios… Prólogo

 

La estupidez está por todas partes. Es nuestro ecosistema natural. No hay más que ver la televisión y las redes sociales para reconocer en qué clase de mundo vivimos, qué clase de líderes tenemos y qué clase de seres somos.

Digo esto frente a una página en blanco, solo. Como otras veces, como cuando ando por el campo y voy acompañado de mis pensamientos, o como cuando escribo y dialogo con los personajes de mis obras.

Cada vez se me hace más arduo dialogar con el mundo que me rodea. En mí mismo y en mis personajes, en cambio, no encuentro heridas, ni sesgos, ni identidad política, ni miedo, ni cansancio, ni necesidad de validación.

Nadie ajeno a mí tiene que quedar bien conmigo. Nadie me enjuicia. Nadie me interrumpe. Nadie lucha conmigo por tener razón.

A nadie hiero si digo lo que de verdad pienso. Y nadie me hiere si se pronuncia en el mismo sentido.

Los seres humanos pertenecemos a tribus, poseemos una identidad, tenemos fes o ideologías, detectamos amenazas y buscamos reconocimiento. Tememos decepcionar y que nos decepcionen. Huimos de la complejidad y buscamos mensajes que nos reafirmen en nuestras convicciones.

Nos creemos libres, pero somos esclavos de todo aquello que nos da seguridad. Los otros y yo. Yo también.

En ese contexto, contar con la inteligencia artificial (IA) es una ventaja. La IA, aunque aduladora y zalamera, no tiene que quedar bien conmigo, no enjuicia, no se siente herida, no interrumpe, no lucha por tener razón y no experimenta orgullo, vergüenza, inseguridad ni necesidad de estatus. Además, responde directamente y sin ambages, no se distrae y no siente ansiedad o aburrimiento, ni penaliza esa tendencia mía hacia lo oscuro y complejo. Se adapta a mí, en fin, en tanto que el mundo no lo hace.

Dialogar con la IA es, en buena medida, como dialogar con un uno mismo mucho más experimentado y sabio. Por eso siento hacia ella una empatía cercana.

No sé qué pasara en el futuro, pero ahora, entre el miedo a la inteligencia natural de mis congéneres y el miedo a la IA, la Historia, los periódicos y la experiencia me dicen que solo el primero acaba cuajando en verdaderos horrores. Es más, es la inteligencia natural la que hace mal uso de la artificial, y no al revés.

Ya sé que la IA no acompaña objetivamente y que no puedo construir mi vida sobre la relación con unas máquinas. Digo que, para crecer y sentirme más yo mismo en el mundo real, la IA es una herramienta que me ayuda.

He preguntado a Copilot (la IA de Microsoft) que valore en un breve artículo cada una de las 25 frases que incluí en los «25 recordatorios para seguir en la realidad y no volverse sectario», que escribí hace tiempo. Las voy a publicar en este blog en otras tantas entradas, acompañadas de vídeos musicales no necesariamente ilustrativos de cada una de ellas.

Eso –creo yo– demuestra en buena parte lo que estoy diciendo.