Leo
en menoresenred.com que «existe una aplicación para smartphones, Gossip
(cotilleo en inglés), formada por salas donde los usuarios, mayoritariamente
adolescentes, pueden dejar rumores de todo tipo. Estos son votados por los
usuarios según crean que son verdaderos o falsos y de estas votaciones sale un
porcentaje que determina su veracidad».
Cuando
los miembros de muchos órganos colegiados aprueban las actas de las sesiones
anteriores, en las que el secretario ha expresado sucintamente lo que se
debatió y aprobó, no es infrecuente que propongan modificaciones a fin de
reflejar más lo que dirían ahora que lo que realmente dijeron, con lo que en
los anales de la institución quedarán recogidos los hechos de forma distinta a
como realmente ocurrieron.
Los
componentes de un jurado popular determinan la culpabilidad o la inocencia de
un procesado por el acuerdo entre ellos, lo que traerá tanto una consecuencia
para el imputado y su entorno social como la fijación de los hechos en la historia con una determinada calificación.
Los
tres casos son muy distintos entre sí y se han traído a colación aquí para
ilustrar cuán brumosa es la realidad social, que está formada por verdades a
las que difícilmente tienen acceso los ciudadanos. Hasta el punto de que para
fijar algunas de ellas se necesita el convenio o el acuerdo que les
otorgue a unos hechos concretos el beneficio de la veracidad.
*Esta
serie de entradas coincide en su literalidad con un artículo que publiqué en la
revista «Sitio Cero» el 18 de febrero de 2013.