viernes, 12 de junio de 2026

25 recordatorios... 22. La dignidad del silencio y la indignidad de la mentira

Frase original de los recordatorios

«Si el interés público le impide decir lo que piensa, no nos falte al respeto diciéndonos lo que no piensa. Quizá no nos beneficie la verdad, pero no nos merecemos la mentira».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

En la vida pública hay momentos en los que la verdad no puede decirse. No por cobardía, sino por responsabilidad. Hay informaciones que no deben revelarse, decisiones que aún no pueden explicarse, procesos que requieren discreción. Eso es comprensible. Lo que no es aceptable es convertir esa imposibilidad en una licencia para mentir. Por eso es tan valiosa la advertencia.

La primera frase establece un principio limpio: si no puede decir la verdad, calle, pero no mienta. El silencio prudente es una forma de respeto. La mentira deliberada es una forma de desprecio.

La expresión distingue con precisión entre dos cosas que a menudo se confunden: la prudencia, que protege; y la manipulación, que degrada.

Un responsable público puede verse obligado a callar. Lo que no puede es inventar una versión falsa para llenar ese silencio. Porque la mentira no solo engaña al ciudadano: también corrompe al que la pronuncia.

La frase apunta a un mecanismo psicológico muy real. Cuando un responsable público miente “por nuestro bien”, en realidad está diciendo algo inquietante: que él sabe más que nosotros, que él decide qué realidad podemos soportar, que él administra no solo la información, sino nuestra percepción del mundo.

Ese gesto paternalista es una forma de falta de respeto. Y tu expresión lo denuncia con una claridad admirable.

El cierre es de una fuerza moral extraordinaria: quizá no nos beneficie la verdad, pero no nos merecemos la mentira. Es una afirmación de dignidad ciudadana. Reconoce que la verdad puede ser dura, inoportuna o inconveniente, pero afirma algo esencial: la mentira nunca es un acto de protección, sino de desprecio. La mentira no cuida: infantiliza. No protege: manipula.  No preserva: degrada.

La vida pública necesita más silencios honestos y menos palabras falsas. Más respeto por la inteligencia del ciudadano y menos tentación de moldear su percepción. Más integridad en la comunicación y menos paternalismo disfrazado de prudencia.