lunes, 8 de junio de 2026

25 recordatorios... 18. La trampa de la ocupación permanente

Frase original de los recordatorios

«Pase más tiempo con su familia y con sus amigos. No crea que estar ocupado es estar trabajando. No nos haga creer que lo necesitamos a todas horas y en todas partes, porque nos lo acabaremos creyendo nosotros y se lo acabará creyendo usted. Y las dos ideas son empobrecedoras y falsas».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

En la vida pública y profesional existe una tentación silenciosa: confundir estar ocupado con estar trabajando, y confundir estar presente con ser necesario. Es una ilusión que desgasta, que distorsiona la identidad y que empobrece la vida. Por eso es tan valiosa la recomendación.

La primera frase es un recordatorio de prioridades. La vida real no está en los despachos, ni en las reuniones, ni en las agendas saturadas. La vida real está en los afectos: en la familia, en los amigos, en los vínculos que no dependen del cargo ni del rendimiento. Quien descuida esos espacios termina perdiendo el equilibrio y, con él, la perspectiva.

La segunda frase desmonta una confusión muy extendida: estar ocupado no es estar trabajando. La ocupación permanente es, muchas veces, una forma de huida: huida de uno mismo, de la intimidad, del silencio, de la vulnerabilidad. El ruido de la agenda se convierte en un refugio que parece productivo, pero que en realidad es estéril.

La tercera parte de la expresión es el corazón psicológico del mensaje: no nos haga creer que lo necesitamos a todas horas y en todas partes.

Porque si usted actúa como si fuera imprescindible, los demás pueden llegar a asumirlo. Y lo más peligroso: usted puede terminar creyéndoselo. Ahí nace una simbiosis tóxica entre el líder y su entorno, una dependencia mutua que empobrece a ambos.

El equipo se empobrece porque deja de asumir responsabilidades propias. Usted se empobrece porque deja de ser una persona y se convierte en un rol.

El remate final es impecable: las dos ideas son empobrecedoras y falsas.

Empobrecedoras, porque reducen la vida a una función. Falsas, porque nadie es necesario a todas horas. Ni usted, ni nadie.

La ocupación permanente no es una virtud: es un síntoma. Y la creencia de ser imprescindible no es fortaleza: es una forma de ceguera.