Frase original de los recordatorios
«Sea cortés con sus
adversarios, incluso aunque ellos no lo sean con usted. No intente convencernos
de sus virtudes mostrando los defectos del adversario».
Artículo de Copilot (IA de
Microsoft)
En tiempos de crispación, la
cortesía parece un lujo. En medio de la disputa, muchos creen que la educación
es una debilidad, que la elegancia es ingenuidad y que la firmeza exige dureza.
Pero ocurre lo contrario: la cortesía es una forma de fuerza interior. Por eso
es tan valiosa la recomendación: sea cortés con sus adversarios, incluso aunque
ellos no lo sean con usted. No intente convencernos de sus virtudes mostrando
los defectos del adversario.
La primera frase contiene una
verdad esencial: la conducta del otro no determina la nuestra. La cortesía no
es un premio que se concede al que la merece, sino una expresión de quién
somos. Ser cortés con quien no lo es no significa ceder, ni callar, ni
renunciar a las propias convicciones. Significa mantener la compostura,
preservar la dignidad y no permitir que el adversario decida nuestro tono.
La falta de cortesía del otro
no justifica la nuestra. Responder al ataque con ataque no nos hace más
fuertes, sino más previsibles. Nos rebaja al nivel del agresor y nos convierte
en una versión menor de nosotros mismos.
La segunda frase afina aún más
el principio: no intente convencernos de sus virtudes mostrando los defectos
del adversario.
Es una advertencia contra una
estrategia tan común como pobre: creer que uno mejora cuando empeora al otro.
Es un error frecuente en la vida pública, en la política, en el trabajo y hasta
en la vida familiar. La crítica al adversario puede ser legítima, pero no
sustituye la propia valía. La descalificación no es un argumento. La
comparación negativa no construye autoridad.
Quien necesita señalar los
defectos del otro para demostrar sus virtudes está revelando inseguridad, no
fortaleza. Está mostrando que no confía en el peso de sus propios méritos. Está
diciendo, sin quererlo, que no tiene suficiente que ofrecer por afirmación y
necesita recurrir al contraste.
La verdadera autoridad se
construye desde la afirmación, no desde la demolición. Desde la claridad, no
desde el fango. Desde la compostura, no desde la reacción.
Ser cortés con los adversarios
—incluso cuando ellos no lo son— es una forma de liderazgo moral. Y renunciar a
la crítica fácil como sustituto del mérito es una forma de honestidad
intelectual.