jueves, 11 de junio de 2026

25 recordatorios... 21. Coherencia entre lo privado y lo público

Frase original de los recordatorios

«Si no cobraba por dedicar un tiempo a una asociación, no cobre por dedicárselo a una institución pública».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

Hay principios que no necesitan adornos para ser contundentes. Este es uno de ellos: si no cobraba por dedicar un tiempo a una asociación, no cobre por dedicárselo a una institución pública.

La frase es sencilla, pero su alcance es enorme. No habla solo de dinero. Habla de coherencia. Habla de integridad. Habla de la tentación —muy humana— de cambiar de principios cuando cambia el escenario.

En el ámbito privado, en una asociación, en un club, en una entidad sin ánimo de lucro, uno suele actuar por convicción: porque cree en la causa, porque le importa la gente, porque siente que su tiempo tiene un valor que no necesita ser remunerado. Ese tiempo es voluntario, limpio, desinteresado.

Pero cuando uno entra en una institución pública aparece una tentación nueva: la de “profesionalizar” ese mismo tiempo simplemente porque ahora hay un presupuesto disponible. La de convertir en remunerado lo que antes era vocación. La de justificar un cobro no por el esfuerzo, sino por la oportunidad.

La expresión corta esa tentación de raíz. Plantea una pregunta incómoda y necesaria: si antes no cobraba, ¿qué ha cambiado realmente? ¿El trabajo o la posibilidad de cobrar por él?

La frase obliga a mirarse al espejo. A preguntarse si la motivación sigue siendo la misma. A distinguir entre el servicio y el interés. A no confundir el cargo con un pretexto para obtener lo que antes no se necesitaba.

No se trata de negar la legitimidad de los salarios públicos. Se trata de algo más fino: no convertir en negocio lo que antes era compromiso. No aprovecharse del cargo para obtener una retribución que no se justificaba en el ámbito privado. No cambiar de principios cuando cambia el contexto.

La coherencia es una forma de autoridad moral. Y la incoherencia, una forma de empobrecimiento interior.

Por eso esta expresión es tan valiosa. Porque no pide sacrificios heroicos. No pide renunciar a derechos legítimos. Pide algo más exigente: ser la misma persona en lo público que en lo privado.

Si uno dedicaba su tiempo a una asociación sin cobrar, es razonable que se pregunte por qué debería cobrar por dedicar ese mismo tiempo —o un tiempo similar— a una institución pública. La respuesta no siempre será sencilla, pero la pregunta es imprescindible.