sábado, 13 de junio de 2026

25 recordatorios... 23. Contra la resignación

Frase original de los recordatorios

«No nos conforme nunca diciéndonos que así es como son las cosas si no es así como deben ser».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

Hay frases que funcionan como un espejo moral. Esta es una de ellas: no nos conforme nunca diciéndonos que así es como son las cosas si no es así como deben ser.

La expresión es breve, pero contiene una advertencia profunda. Denuncia una de las formas más peligrosas de decadencia institucional: la normalización de lo que no debería ser normal.

Porque hay dos maneras de justificar lo injustificable. Una es defenderlo. La otra, más sutil y más cobarde, es decir: “siempre ha sido así”. La frase rechaza esa coartada con una claridad admirable. La trampa del “es lo que hay”

Cuando una situación es difícil de cambiar, aparece la tentación de justificarla. Y la justificación más cómoda es la fatalista: “Así son las cosas”.

Pero esa frase no describe la realidad: la congela. No explica: excusa. No analiza: renuncia.

Tu expresión exige lo contrario: no nos trate como menores de edad. No nos venda como inevitable lo que es simplemente más fácil no corregir.

La frase establece una distinción esencial: que algo ocurra no significa que deba ocurrir. Que algo sea habitual no lo convierte en legítimo. Que algo esté extendido no lo hace aceptable.

La realidad no es un argumento moral. La costumbre no es una justificación ética. La inercia no es un criterio de justicia. Un responsable público no puede escudarse en el estado de las cosas para evitar el deber de cambiarlas.

Decir “esto es así” cuando no debería serlo es una forma de falta de respeto. Es tratar al ciudadano como alguien incapaz de aspirar a algo mejor. Es pedirle que acepte lo que está mal porque corregirlo es incómodo.

Tu expresión lo denuncia con elegancia y firmeza: no nos conforme con la realidad cuando la realidad es deficiente.

La ciudadanía puede soportar la verdad. Lo que no debe soportar es la complacencia.

La frase invita a una actitud moral activa: no aceptar la mediocridad disfrazada de realismo. No confundir la descripción con la prescripción. No permitir que el “es” sustituya al “debe ser”.

Es una llamada a la responsabilidad, a la ambición ética y a la obligación de mejorar lo que está mal, no de justificarlo.