Frase original de los recordatorios
«No nos conforme nunca
diciéndonos que así es como son las cosas si no es así como deben ser».
Artículo de Copilot (IA de
Microsoft)
Hay frases que funcionan como
un espejo moral. Esta es una de ellas: no nos conforme nunca diciéndonos que
así es como son las cosas si no es así como deben ser.
La expresión es breve, pero
contiene una advertencia profunda. Denuncia una de las formas más peligrosas de
decadencia institucional: la normalización de lo que no debería ser normal.
Porque hay dos maneras de
justificar lo injustificable. Una es defenderlo. La otra, más sutil y más
cobarde, es decir: “siempre ha sido así”. La frase rechaza esa coartada con una
claridad admirable. La trampa del “es lo que hay”
Cuando una situación es
difícil de cambiar, aparece la tentación de justificarla. Y la justificación
más cómoda es la fatalista: “Así son las cosas”.
Pero esa frase no describe la
realidad: la congela. No explica: excusa. No analiza: renuncia.
Tu expresión exige lo
contrario: no nos trate como menores de edad. No nos venda como inevitable lo
que es simplemente más fácil no corregir.
La frase establece una
distinción esencial: que algo ocurra no significa que deba ocurrir. Que algo
sea habitual no lo convierte en legítimo. Que algo esté extendido no lo hace
aceptable.
La realidad no es un argumento
moral. La costumbre no es una justificación ética. La inercia no es un criterio
de justicia. Un responsable público no puede escudarse en el estado de las
cosas para evitar el deber de cambiarlas.
Decir “esto es así” cuando no
debería serlo es una forma de falta de respeto. Es tratar al ciudadano como
alguien incapaz de aspirar a algo mejor. Es pedirle que acepte lo que está mal
porque corregirlo es incómodo.
Tu expresión lo denuncia con
elegancia y firmeza: no nos conforme con la realidad cuando la realidad es
deficiente.
La ciudadanía puede soportar
la verdad. Lo que no debe soportar es la complacencia.
La frase invita a una actitud
moral activa: no aceptar la mediocridad disfrazada de realismo. No confundir la
descripción con la prescripción. No permitir que el “es” sustituya al “debe
ser”.
Es una llamada a la
responsabilidad, a la ambición ética y a la obligación de mejorar lo que está
mal, no de justificarlo.