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martes, 16 de abril de 2013
Por el camino de Los Madereros
jueves, 11 de abril de 2013
De Fuencaliente a Conquista
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| Plaza de Fuencaliente |
Nosotros no somos de fuera, sino de estas comarcas, y aunque no estamos tan predispuestos para el asombro, nos asombramos tanto o más que los turistas. Y porque amamos a esta tierra, no sabemos si es bueno ensalzarla tanto, con lo que de algún modo provocamos que vengan quienes no la conocen, o si, dados los efectos devastadores que el turismo de masas tiene sobre el paisaje y las costumbres de las gentes, lo procedente es silenciar su belleza y gozarla en soledad, con el desviado placer del coleccionista que disfruta un cuadro robado en el lugar más escondido de su casa.
Salimos, en fin, de la plaza de Fuencaliente, que está cerca del hotel donde se hallan los manantiales y los baños, cuyo poder curativo no puedo certificar, pero de cuyo deleite doy fe, porque los he probado personalmente, y subimos por la calle Manuel Quintanilla en dirección al mirador de la Cruz. Fuencaliente está en la falda de una montaña y la pendiente del primer tramo, todavía dentro del pueblo, asusta. Es una impresión corta y pasajera, sin embargo, porque la pendiente se suaviza enseguida, y pasados unos dos kilómetros lo dominante es la cuesta abajo, que con algunas excepciones será lo más usual hasta Conquista, dieciocho kilómetros más adelante.
El camino está asfaltado, aunque conserva irregularidades y pequeños tramos terrizos. Tiene muy escaso tráfico de vehículos y es perfectamente apto para recorrerlo a pie. Al comienzo, en las proximidades de Fuencaliente, hay algunas edificaciones que no hieren la vista, disimuladas entre la espesa floresta. Por aquí, el camino discurre hacia el Oeste encajonado entre dos líneas de montes y el caminante siente la cercana compañía de los árboles que bordean las cunetas, por las que corre el agua y hacia las que corre el agua que baja de la sierra. Los árboles son, mayoritariamente, olivos centenarios y alcornoques. Ambos forman bosquecillos de distintas formas y colores en la ladera del otro lado, que cuando pasamos nosotros estaba dividida por dos columnas de humo blanco que salían de otras tantas candelas con las que –supusimos nosotros– los agricultores estaban quemando el ramón de los olivos en alguna clara.
Los olivos se pierden cuando la senda abandona los montes por la salida natural que hay bajo el peñón del Fraile y entra en el llano casi imperceptiblemente. Poco después, tras haber divisado en la lejanía, a la izquierda, la blanca aldea de Azuel, el camino se divide en dos tramos, uno que va hacia el Sur, y que se llama de Villanueva, y otro que toma el Oeste hacia Conquista. El caminante no debe tener duda alguna sobre cuál elegir porque el de Conquista está asfaltado. Siguiendo por él, descubrirá pronto que los alcornoques conviven con las encinas, de tal forma que a veces es difícil distinguirlos a unos de otros. Más adelante, sin embargo, se pierden totalmente los alcornoques y los árboles exclusivos son las encinas, algunos de cuyos ejemplares son verdaderamente hermosos, como una que hay junto a un cortijo que queda a la derecha, que es muy redonda y de dimensiones monumentales.
También a la derecha queda la finca de La Garganta, a la que es fácil distinguir porque sus lindes están cerradas con mallas de más de dos metros y hasta tres tramas superpuestas y por los carteles que hay al principio de dos caminos, que avisan al viajero de que se trata de accesos privados a La Garganta, en los que no está admitido parar porque hay riesgo de incendio (sic). Por aquí, a ambos lados de la vía que llevábamos, vimos a numerosas perdices, algunas de las cuales nos hicieron poco menos que frente, un temerario comportamiento que servía para distraernos mientras la hembra se ponía a salvo, según me aseguraron mis amigos, que en esto son bastante más versados que yo.
martes, 9 de abril de 2013
25 recordatorios para seguir en la realidad y no parecer sectario
1. No le ponga fronteras a su pensamiento: si no está dispuesto a dejarse
invadir, no estará legitimado para intentar convencer.
2. Si cree que sus ideas son mejores que las de su adversario, exíjale más
trabajo y más honradez a los que las defienden que a los que defienden otras:
los ciudadanos se merecen siempre lo mejor.
3. No pierda nunca las formas: recuerde que la civilización es forma, que
el debate es forma, que la convivencia es forma, que la democracia es forma, y
que usted quizá no lleve razón. Si pierde las formas, pida disculpas.
4. Sea fuerte, sea tenaz, sea humilde, sea sincero, pero no nos lo diga,
demuéstrenoslo, porque las virtudes propias no se pregonan, se niegan y se
ejercen.
5. Piense que la fidelidad no debe ser a las ideas (que pueden cambiar) ni
a las personas (que también pueden cambiar), sino a los principios.
6. No divida el mundo entre amigos y enemigos, entre los nuestros y los
otros, y así no tendrá que incluir a quienes lo rodean en uno de esos dos
grupos incompatibles.
7. Admire la inteligencia y la buena voluntad, vengan de donde vengan,
sobre todo si no vienen de sus correligionarios.
8. No crea que todos los que no piensan como usted le están moviendo la
silla.
9. Haga autocrítica. Si no piensa que puede haberse equivocado, nunca podrá
rectificar. Encuentre al menos un error que haya cometido ese día y no se ponga
excusas. De vez en cuando, reconozca alguno en público.
10. Aprenda de sus adversarios: encuentre al menos un acierto que hayan
tenido ese día quienes no piensan como usted y reconózcaselo, al menos en su
interior y entre los miembros de su equipo. De vez en cuando, reconozca alguno
en público.
11. Cuando se sienta atacado, no se refugie en los camaradas fieles, sino
en las personas que lo quieren. Y no crea que es lo mismo.
12. Rodéese de personas que discurran libremente y escúchelas.
13. Sospeche de los que siempre opinan lo mismo que usted.
14. Sospeche de los que le hablan mal de los otros.
15. Sáquele provecho a los que tienen algo que ofrecer, aunque le
disputaran el cargo.
16. Sea cortés con sus adversarios, incluso aunque ellos no lo sean con
usted. No intente convencernos de sus virtudes mostrando los defectos del
adversario.
17. No piense que es imprescindible, porque nadie lo es. Ni piense que es
necesario. Piense en lo que puede aportar y tenga siempre las maletas
preparadas para irse.
18. Pase más tiempo con su familia y con sus amigos. No crea que estar
ocupado es estar trabajando. No nos haga creer que lo necesitamos a todas horas
y en todas partes, porque nos lo acabaremos creyendo nosotros y se lo acabará
creyendo usted. Y las dos ideas son empobrecedoras y falsas.
19. No lleve la imaginación más allá de los recursos de que dispone.
20. No deje las cuentas peor de lo que las encontró.
21. Si no cobraba por dedicar un tiempo a una asociación, no cobre por
dedicárselo a una institución pública.
22. Si el interés público le impide decir lo que piensa, no nos falte al
respeto diciéndonos lo que no piensa. Quizá no nos beneficie la verdad, pero no
nos merecemos la mentira.
23. No nos conforme nunca diciéndonos que así es como son las cosas si no
es así como deben ser.
24. Recuerde que el fin último es siempre el interés público. No lo
confunda con los medios.
25. No nos trate como votantes o como electores, sino como ciudadanos.
jueves, 4 de abril de 2013
La cara de los mercados
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