domingo, 31 de mayo de 2026

25 recordatorios... 10 Aprender del adversario

Frase original de los recordatorios

«Aprenda de sus adversarios: encuentre al menos un acierto que hayan tenido ese día quienes no piensan como usted y reconózcaselo, al menos en su interior y entre los miembros de su equipo. De vez en cuando, reconozca alguno en público».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

En la vida pública, en el trabajo y hasta en la convivencia cotidiana, existe una tentación silenciosa: pensar que solo los nuestros aciertan y que los otros, por definición, se equivocan. Es una forma de comodidad mental, pero también una forma de ceguera. Por eso es tan valiosa la recomendación: aprenda de sus adversarios. Encuentre al menos un acierto que hayan tenido ese día quienes no piensan como usted y reconózcaselo, al menos en su interior y entre los miembros de su equipo. De vez en cuando, reconozca alguno en público.

La frase es un pequeño tratado de madurez intelectual. No pide simpatía. No pide afinidad. Pide lucidez.

La primera idea es decisiva: aprender del adversario. No porque el adversario tenga siempre razón, sino porque nadie tiene el monopolio de la inteligencia ni de la sensatez. Quien solo aprende de los suyos se encierra en un círculo cada vez más estrecho. Quien es capaz de ver el acierto en quien discrepa amplía su visión del mundo.

El segundo consejo es práctico y exigente: encuentre al menos un acierto al día. No se trata de forzar la admiración, sino de entrenar la mirada. Cuando uno busca un acierto en el otro, aunque sea pequeño, rompe el sesgo de confirmación que nos lleva a ver solo lo que refuerza nuestras ideas. Es una gimnasia de humildad y de precisión.

Luego viene un matiz fundamental: reconózcalo al menos en su interior y ante su equipo. Este punto es crucial porque desactiva la lógica tribal. Un líder que reconoce un acierto del adversario ante los suyos eleva el nivel de la conversación, evita el sectarismo y enseña a su equipo a pensar con independencia. Es un acto de autoridad moral, no de debilidad.

Y finalmente, el gesto más valiente: de vez en cuando, reconozca un acierto en público. No para quedar bien, sino para demostrar que la verdad importa más que la pertenencia. Reconocer un acierto del adversario en público: genera confianza, desarma la polarización, muestra seguridad interior y eleva el tono de la vida pública. Es un acto de grandeza, no de concesión.

Aprender del adversario no significa renunciar a las propias convicciones. Significa reconocer que la inteligencia es plural, que la buena voluntad no tiene fronteras y que la discrepancia no invalida el mérito. Significa entender que la convivencia democrática no se construye con trincheras, sino con reconocimiento mutuo.

En un tiempo en el que muchos prefieren tener razón antes que comprender, esta actitud es casi revolucionaria. Es una forma de resistencia contra la simplificación, contra el fanatismo y contra la comodidad de pensar siempre lo mismo.