sábado, 23 de mayo de 2026

25 recordatorios... 2. Una ética para tiempos de hinchadas.

Frase original de los recordatorios

«Si cree que sus ideas son mejores que las de su adversario, exíjale más trabajo y más honradez a los que las defienden que a los que defienden otras: los ciudadanos se merecen siempre lo mejor».

Artículo de Copilot (IA de Microsoft)

Una de las paradojas más llamativas de la conversación pública actual es la facilidad con la que muchos ciudadanos exigen excelencia a los adversarios mientras toleran la mediocridad en los propios. Se condena con dureza lo que hace “el otro”, pero se justifica, se minimiza o se silencia lo que hace “el nuestro”. La política se ha convertido en un deporte de rivalidades, y cada cual anima a su equipo con fervor, aunque juegue mal, aunque haga trampas, aunque defraude.

Por eso resulta tan pertinente la idea que nos ocupa: si uno cree que sus ideas son mejores que las de su adversario, debería exigir más trabajo y más honradez a quienes las representan que a quienes defienden otras. Porque, al final, los ciudadanos se merecen siempre lo mejor.

Esta afirmación, aparentemente sencilla, encierra una ética democrática profunda. Significa que la calidad de una idea no se mide solo por su contenido, sino también por la conducta de quienes la encarnan. Una buena propuesta defendida por personas negligentes, incompetentes o deshonestas se degrada. Una mala idea defendida con brillantez puede engañar. Por eso la responsabilidad del ciudadano no es solo elegir ideas, sino vigilar a quienes las llevan a la práctica.

La política contemporánea, sin embargo, funciona al revés. La lealtad al grupo pesa más que la lealtad a la verdad. La identidad partidista se ha vuelto una especie de refugio emocional donde se perdona todo mientras venga del propio bando. Se exige transparencia al adversario, pero se disculpa la opacidad del aliado. Se pide rigor al otro, pero se tolera la chapuza en casa. Se reclama honradez al rival, pero se mira hacia otro lado cuando el propio tropieza.

Esta asimetría es corrosiva. No solo empobrece el debate: degrada la democracia. Porque una sociedad que no exige excelencia a quienes la representan termina gobernada por los peores. Y no por culpa de ellos, sino por culpa de quienes los aplauden sin exigirles nada.

La idea de “pedir más a los nuestros” no es un acto de traición, sino de responsabilidad. Significa entender que la política no es un juego de suma cero, sino un servicio público. Que el objetivo no es que gane mi bando, sino que gane la ciudadanía. Que la fidelidad no debe ser hacia un partido, sino hacia unos principios. Y que la crítica interna no debilita una causa: la fortalece.

Exigir más trabajo y más honradez a quienes defienden las ideas que consideramos valiosas es, en realidad, una forma de protegerlas. Es impedir que se contaminen, que se trivialicen, que se conviertan en excusas para justificar lo injustificable. Es recordar que las ideas no se defienden solo con palabras, sino con comportamientos.