viernes, 16 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (4/7) La defensa del individuo corriente: el autoengaño y las ideas previas

 

En ese medio ambiente social, el individuo corriente cuenta con dos artificios aparentemente inocuos para sobrevivir, prosperar y defenderse de los más osados (de los más mentirosos): el autoengaño y las ideas previas.

El autoengaño

La mentira más extendida es la que el sujeto se hace a sí mismo, en función de la cual disculpa sus comportamientos contrarios a lo que un día le dictó su conciencia o a lo que en circunstancias similares le exige a los demás. Esa disculpa tiene formas diversas, aunque la más extendida suele ser buscarse el amparo de los incumplimientos ajenos. «No voy a ser yo más tonto que nadie», por ejemplo. O: «Todo el mundo lo hace». O: «Si no lo hago yo, lo hará otro con menos legitimación que yo».

Así, el que critica el fraude fiscal de un dirigente público al mismo tiempo que no incluye todos sus ingresos en la declaración de la renta o exige que las facturas le lleguen sin el impuesto correspondiente, el que censura al empresario explotador pero no cumple sus obligaciones laborales con su empleada de hogar y el que reprocha los ardides de quien pretende colocar a sus hijos en la Administración después de haber fracasado él en el mismo intento.

El autoengaño, en fin, facilita que los individuos sigan exigiendo a otros (particularmente a sus dirigentes) el comportamiento que eluden para sí mismos.

Las ideas previas (pre-juicios)

Cuando el ser humano toma una decisión como miembro de la sociedad, no lo hace gestionando variables ciertas, sino ideas que como mucho son aproximaciones de la verdad. Por eso, la intuición, que prescinde del razonamiento pero echa mano de conocimientos residuales y ocultos, es tan importante a la hora de tomar decisiones, y por eso en el universo social es mejor utilizar unas cuantas ideas claras que un montón de datos, a diferencia de lo que sucede en el universo físico, donde los datos son imprescindibles.

Los seres humanos conjeturan la naturaleza ininteligible de ese universo social y se sienten perdidos si no cuentan con referencias ciertas que les sirvan para guiarse por él, referencias, no obstante, que no pueden ser sino subjetivas por naturaleza, anteriores al conocimiento, obtenidas más por la educación que por la experiencia y que sirven para proporcionales seguridad.

Por ello, cuanto más insegura se siente una persona, más ideas previas necesita y de más rigidez. Por el contrario, cuanto más libre es y cuanto más dispuesta está a aceptar lo contingente de su destino (desde todos los puntos de vista), menos ideas previas necesita y más flexibles son estas.

Las ideas previas se refuerzan en el grupo de afines y, reforzadas, proporcionan más seguridad en la respuesta a los problemas personales o las situaciones donde la razón entra en conflicto. Los líderes de los grupos lo saben y procuran la cohesión de los mismos con mensajes que tienden a alimentar la unidad y, cuando el grupo está a la defensiva, a fijar abismos en las fronteras intelectuales del conjunto. Cuando el grupo se siente fuerte y está en expansión, en cambio, se sabe con capacidad para digerir y asimilar las ideas extrañas y los líderes tienden puentes hacia el exterior a fin de incrementar el número de adeptos.



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