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jueves, 15 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (3/7) La gestión de la verdad y la mentira.


En ese medio natural, nunca progresan los que siempre van con la verdad por delante. Unas veces porque se les teme (porque son de temer, en realidad) y otras porque con la verdad descubren unas carencias que les son necesarias o unas dotes que, a los ojos de los demás, les sobran. Los que triunfan son los que mejor saben gestionar la verdad y la mentira, esto es, los que, sin romper el equilibrio social en el que se integran, actúan de acuerdo con la verdad cuando les interesa y cuando les interesa actúan de acuerdo con la mentira.

Cuando los miembros incumplidores de un órgano colegiado, por ejemplo, deben elegir de entre ellos a un director, raramente optan por el más recto. En una sociedad en la que abunda la economía sumergida, es muy difícil el éxito de una empresa totalmente legal. Si la hacienda pública no persigue el fraude con ahínco, los que más pagan no son los que más ganan, sino los que más declaran. Si la función pública admite sobornos, las resoluciones las conseguirán antes los más adinerados y los menos virtuosos.

Como de deduce de los ejemplos anteriores, la distribución de la verdad y la mentira en ese equilibrio sistémico tiene sus consecuencias: a más participación de la mentira, más deterioro ético, más ruina social y más empobrecimiento económico. Las sociedades enfermas son aquellas en las que la distribución de la verdad y la mentira configura un equilibrio insano en favor de la última. Con el agravante de que el peso se desliza por inercia hacia una mayor proporción de esta, dado que, como hemos visto, son los mentirosos (los que cometen fraude, los que engañan, los insolidarios) los que triunfan, esto es, existe una pedagogía del éxito que tiende a fomentar el engaño.

Cuando la mentira no está castigada ni cuando se descubre, surge la figura de los cínicos, aquellos farsantes para quienes ya no es necesario el disimulo. La enfermedad de la sociedad, entonces, adquiere tintes dramáticos, pues son los cumplidores los que acaban siendo sometidos al escarnio público.

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