▼

miércoles, 14 de octubre de 2026

¿Por qué es tan creíble la mentira? (2/7) Un mundo de ficciones.

 

No en vano, detrás de cada individuo que anda por la calle puede haber un estafador, o un violador, o un asesino. El que pasa por ser un honrado padre de familia puede estar maltratando a su mujer. El que presume de coche nuevo puede estar arruinado. El que ha sido declarado mejor empresario del año puede ser un explotador y el empleado supuestamente ejemplar puede estar pasando información confidencial a las empresas de la competencia.

Detrás de una buena nota puede haber un examen copiado. Detrás de una tesis doctoral, un plagio. Detrás de un escritor de fama, un negro. Detrás de una victoria deportiva, un caso de dopaje o un tongo.

Una factura puede venir sin los impuestos obligatorios. Una declaración de la renta puede no declarar todas las rentas obtenidas. Un currículo puede estar inflado. Un concurso de méritos puede no haber premiado al mejor. Un pintor puede haber firmado un cuadro con el nombre de otro. Una noticia de prensa puede haber sido inventada o expresar como probado lo que solo es un bulo. Un programa electoral puede contener propuestas de imposible cumplimiento.

Un trabajador puede no estar dado de alta oficialmente. Una persona puede vivir en un lugar distinto del que aparece en el censo. Un ingeniero puede certificar la utilización de materiales que no se han utilizado. El envase de un producto puede contener información fraudulenta. El Gobierno puede estar manipulando las estadísticas oficiales. La letra pequeña de un contrato puede desvirtuar la información que nos dio el comercial de la empresa. Un partido político puede declarar que persigue el interés público cuando solo pretende conseguir el poder.

El que dice que nos ama tal vez solo quiera nuestro dinero. El que nos abraza tal vez desee nuestra muerte. El dinero que un padre manda para los estudios de su hijo tal vez acabe consumido en parrandas sin que él lo sepa.

De entre todas las religiones, solo una, como mucho, es la verdadera. Todas las demás, no lo son. Y hay quien predica la falsedad a sabiendas de que lo es.

Y así podríamos seguir, con falsedades como las anteriores, grandes e inteligibles fácilmente, o con falsedades pequeñas, que parecen intrascendentes y no se notan, o que forman parte de la educación, o que se formulan por piedad, o que son simples exageraciones. Así podríamos seguir hasta definir una realidad virtual, que es aquella en la que vivimos, totalmente distinta de la que subyace debajo, a la que no me atrevo a definir como la verdadera.

Porque la verdadera es la que sentimos y comprendemos, en la que hay un equilibrio inestable de verdades y mentiras. Ese es nuestro medio ambiente. En él respiramos y vivimos. Y para el ejercicio de respirar y para el oficio de vivir tan perjudiciales son la mayoría de las mentiras como algunas verdades, y tan necesario ese ámbito entre unas y otras que supone la duda.

¿Qué sería de la humanidad, por ejemplo, si se descubriera sin paliativos que no hay vida después de la muerte? O en sentido contrario: ¿Qué sería de ella si se descubriera que sí la hay? ¿Podríamos vivir, en fin, en un régimen de absoluta verdad, bajo el permanente ojo escrutador de una mirada divina? Para el ser humano, al parecer, lo mejor no es siempre la verdad, sino una mezcla adecuada de verdad y de mentira.

De otro modo, ¿qué sería de quienes se dedican a crear ficciones artísticas si en ellas solo pudiera representase la verdad? ¿Sería posible una novela o una película en la que todo el mundo se muestra correctamente y cómo es? Si las novelas y las películas se demandan y se disfrutan es porque hay en ellas un paralelismo con la realidad, una realidad en la que existe el amor callado y el adulterio, el sufrimiento escondido y el crimen de Estado.


Entrada (1/7)