miércoles, 30 de julio de 2014

Del rigor del Derecho a Decidir (parodiando a Borges)



Del rigor de la ciencia


En aquel Imperio, el Arte de la Cartografía logró tal Perfección que el Mapa de una sola Provincia ocupaba toda una Ciudad, y el Mapa del Imperio, toda una Provincia. Con el tiempo, estos Mapas Desmesurados no satisficieron y los Colegios de Cartógrafos levantaron un Mapa del Imperio, que tenía el Tamaño del Imperio y coincidía puntualmente con él. Menos Adictas al Estudio de la Cartografía, las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era Inútil y no sin Impiedad lo entregaron a las Inclemencias del Sol y los Inviernos. En los Desiertos del Oeste perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y por Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas.

 Jorge Luis Borges
El Hacedor (1960)



Del rigor del derecho a decidir


En aquella sociedad, la Libertad logró tal perfección que el derecho a decidir del Estado se cedió a una Comunidad Autónoma, y el de una Comunicad Autónoma a una Comarca, y el de una Comarca a un municipio. Con el tiempo, ese derecho a decidir no satisfizo y los gobernantes concedieron el derecho a decidir a los individuos, que tuvieron la potestad de poner fronteras a su casa y pagar los impuestos que le vinieran en gana. Menos adictas a la Libertad, las generaciones siguientes entendieron que ese derecho era inútil y no sin impiedad lo entregaron a las Inclemencias del sol y los inviernos. En algunas normas aún perduran despedazadas ruinas del derecho a decidir, con normas que protegen a los animales y a los mendigos; en todo el país no hay otra reliquia de esa Libertad exagerada.

lunes, 23 de junio de 2014

Efectos secundarios



           Todos los medicamentos, por buenos que sean y mucho que curen, tienen efectos nocivos y no intencionados, que son conocidos como efectos secundarios o efectos adversos. Aunque lo normal es que sean menores que los beneficiosos, ni los médicos desdeñan su existencia ni deben hacerlo los pacientes, y los prospectos avisan siempre de ellos, a fin de que todo el mundo sepa a qué atenerse. Los efectos adversos no suelen tener importancia cuando el medicamento actúa sobre un cuerpo robusto, pero son muy relevantes y deben tenerse especialmente en cuenta cuando el medicamento actúa sobre un cuerpo débil.


                La teoría de los efectos adversos puede aplicarse a prácticamente todos los órdenes de la vida individual y social, de ahí que cuando se toma una decisión se valoren las consecuencias positivas y negativas de la misma, de manera que una decisión se toma en el sentido de los efectos positivos, pero aceptando que habrá que asumir algunos efectos negativos. Esos efectos negativos serán más o menos dañinos dependiendo de la robustez de la persona o de la sociedad. Es de suponer que una persona tenaz, valiente, bien formada y con recursos económicos se verá afectada menos por los efectos negativos que una enclenque y carente de recursos económicos, y es de suponer que también le afectarán menos una sociedad vigorosa que a una sociedad endeble.


                Uno de los órdenes de la vida social a los que le es aplicable especialmente la teoría de los efectos adversos es a las comunicaciones. Así, a nadie se le escapa que la mejora de la carretera de Córdoba a Badajoz, que tuvo efectos mayoritariamente buenos, provocó efectos negativos para la localidad de Cerro Muriano, como todo el mundo entiende que la apertura de la nueva variante de esa carretera (por la antigua carretera del Iryda) ha perjudicado a la localidad de Alcaracejos.


                Las comunicaciones unen unos lugares con otros, es decir, unas sociedades con otras, con todo lo que ello conlleva de efectos positivos y negativos para unas y para otras. La sociedad local de Pozoblanco, por ejemplo, se favoreció en general con la construcción de la variante de Cerro Muriano, pero se perjudicaron los intereses de los comerciantes de Pozoblanco, pues a sus potenciales clientes se les hizo más fácil ir a comprar a Córdoba, y lo mismo ha ocurrido al abrirse la nueva variante por la antigua carretera del Iryda. Los comerciantes de Córdoba, en cambio, se han visto favorecidos en ambos casos, pues ahora hay más gente de Pozoblanco que va a comprar a Córdoba, al tenerlo mucho más fácil.


                Esa misma situación, agravada hasta extremos insostenibles, se da cuando hablamos de la relación de muchos pueblos de Los Pedroches con Pozoblanco. La mejora de las carreteras y de los vehículos ha hecho que sea factible comarcalizar gran parte de los servicios  públicos que antes eran locales y ha supuesto que muchos habitantes de los pueblos pequeños vayan a realizar sus compras a Pozoblanco.


                En los efectos positivos y negativos de las comunicaciones también influye el vigor de las sociedades implicadas. Cuando Europa se puso en contacto con América, la que ganó en términos generales fue Europa y la que perdió, América. Cuando los países desarrollados se ponen en contacto con los del Tercer Mundo, ganan más los países desarrollados que los del Tercer Mundo. Cuando el comercio de Pozoblanco se pone en contacto con el de los pueblos pequeños de Los Pedroches, el de Pozoblanco siente más efectos positivos que negativos y los de los pequeños pueblos de Los Pedroches más negativos que positivos, pero cuando el comercio de Pozoblanco se pone en contacto con el de Córdoba, el que gana es del de Córdoba y el que pierde, el de Pozoblanco.
                 Por eso sería un error medir el grado de beneficio de las comunicaciones por el número de operaciones que soportan, porque un número alto puede ser beneficioso para unos y no para otros. Una mejor comunicación entre Madrid y Valencia puede ser beneficiosa para ambas. Pero una mejor comunicación entre Pozoblanco y Torrecampo ha sido perjudicial para el comercio de Torrecampo y una mejor comunicación entre Pozoblanco y Córdoba ha sido perjudicial para el de Pozoblanco.


                La desproporción entre los efectos negativos y positivos de las sociedades afectadas por las comunicaciones tiende a aumentar y se retroalimenta sola. Hay dos razones para ello. Una, que una población de muchos habitantes es más atractiva para desarrollar economías de escala. Así, una ciudad grande puede tener comercios más variados y más grandes que son un polo de atracción para más clientes y de más lejos, lo que a su vez genera un movimiento que población que hace necesarias mejoras en las comunicaciones, mejoras que harán más fácil el acceso a los comercios de la ciudad y, por ende, perjudicarán a los comercios de los pueblos pequeños.

                La segunda razón es que las poblaciones con un mayor número de habitantes y mejores comunicaciones tienen, por lógica, más papeletas para ser la sede de servicios públicos territoriales.


                Son dos razones de tanto peso que ocultan cualquier otra razón, aunque la haya. Por ejemplo, dado que Pozoblanco tiene más población que ningún otro pueblo de Los Pedroches, lo razonable es que tenga más y mejores comercios y que sea la sede de casi todos los servicios públicos comarcales. Eso es lo que ocurre, en efecto, lo que genera una dinámica de enriquecimiento propio y empobrecimiento a su alrededor que le beneficia a corto plazo pero que, a la larga, le perjudica, por lo que no sería descabellado que destinara parte de su riqueza a generar riqueza en los demás pueblos de Los Pedroches (algo parecido a lo que hace Alemania cuando financia los programas de desarrollo de la Unión Europea). Y no sólo no ocurre así, sino que no se tiene ninguna sensibilidad en ese sentido, hasta el punto de que se entiende casi como una obligación la necesidad que los habitantes de Los Pedroches tienen de desplazarse a Pozoblanco para realizar cualquier clase de trámite. 
                 Por ejemplo, los ayuntamientos de El Guijo, Torrecampo y Pedroche deben mantener, con cargo exclusivo a su presupuesto, un autobús para los vecinos de sus municipios deban ir a Pozoblanco a satisfacer las necesidades que la vida moderna demanda para atenciones médicas, administrativas o comerciales. Por una cuestión de solidaridad, porque también sus habitantes pueden usar el vehículo, porque les interesa a sus comerciantes y porque en Pozoblanco están los médicos, los profesores, los funcionarios y los comerciantes que dejan su riqueza en este pueblo y atienden a, entre otros, los habitantes de los tres pueblos antes mencionados, parece lógico pensar que el Ayuntamiento de Pozoblanco también contribuyera al mantenimiento del servicio, lo que no sucede, porque ni se le ha ocurrido a él ni se le ha formulado una demanda en tal sentido.


                Los posibles efectos adversos en la relación entre los territorios afectados por las comunicaciones tienen un nuevo caso para el estudio con la apertura de la estación del AVE de Los Pedroches. Recuerdo que el primer día, en medio de la euforia desatada, una usuaria de Villanueva de Córdoba declaró entusiasmada al entrevistador de la radio que iba a hacer shopping (así, en inglés) a Córdoba y yo me pregunté si se le habría ocurrido a alguien pensar en los posibles efectos adversos. ¿Cuánta gente de Villanueva de Córdoba, especialmente, y de Los Pedroches, en general, se gastaría en Córdoba o en Madrid lo que antes de gastaba en su pueblo? ¿Se compensaría esa merma con lo que se gastaran los viajeros de fuera que nos visitasen? ¿Se subiría la gente de Los Pedroches con destino a otros lugares de España para abrir mercados, para vender productos, para atraer riqueza o lo haría para hacer turismo? ¿La gente que antes no hacía turismo fuera lo haría ahora que era más cómodo? ¿Se irían más veces los que antes se iban menos? ¿Compensaría esa salida la entrada de turistas de fuera? Hay casos en que el perjuicio es claro: la gente se iría más a la Costa del Sol que antes y la gente de la Costa del Sol seguiría sin venir a Los Pedroches. ¿Pero y a Córdoba y a Madrid? ¿Qué habría más, gente de Villanueva que se va a Córdoba a comer o gente de Córdoba que va a Villanueva a lo mismo? ¿Iría más gente de Villanueva de Córdoba a hacer turismo de ciudad a Madrid o gente de Madrid a hacer turismo rural a Villanueva de Córdoba? Ha leído en el informe de la Mancomunidad que si se facilitaran más las comunicaciones Villanueva podría llegar a ser una ciudad dormitorio de Córdoba. ¿Sería eso así o ocurría como en Pozoblanco, donde muchos trabajadores de centros públicos van y vienen a diario a la ciudad de Córdoba, donde residen?


                Son muchos interrogantes como para que no salgan a la luz en los distintos ámbitos en que se trata el asunto de la estación y las paradas del tren. Parece evidente que la relación entre las localidades de Los Pedroches (y especialmente Villanueva de Córdoba) y las localidades con las que ahora se comunica tan rápidamente son de desproporción y que ello puede acarrear consecuencias negativas para las menos robustas (además de las positivas que a todo el mundo se le ocurren y que, por ese motivo, no se citan aquí). y, a pesar de ello, nadie muestra el más mínimo interés en enfrentarse al problema. Es más, la parada del tren sólo se ve como una solución, como un fin en sí misma. Únicamente así se entiende la batalla que los grupos políticos tienen por atribuirse el triunfo de la parada y del número de sus usuarios. Y únicamente así se entienden las demandas y los reproches sobre la conectividad de todos los pueblos con la estación, algo imposible teniendo en cuenta que estamos hablando de alta velocidad, el lugar donde está ubicada la estación, lo que costaría semejante propuesta y la dispersión geográfica de Los Pedroches y, sin embargo, algo objeto de un continuo enfrentamiento y sobre lo que muy pocos se atreven a hablar con franqueza.


En lugar de estar estudiando los medios para hacer más robusta la sociedad de Los Pedroches, a fin de favorecer los efectos positivos y limitar los efectos negativos de la parada del tren, los dirigentes políticos y sociales de la comarca están centrando casi todos sus esfuerzos en los asuntos anexos a la parada, para muchos de los cuales no hay solución. Y en lugar de estar cooperando centrados en el interés general, siguen haciendo aquello a lo que nos han malacostumbrado, que es atribuirse los méritos y rechazar las responsabilidades.


En resumen, la parada del tren no debe ser un fin en sí misma, sino un medio, porque la comodidad y la rapidez son buenas para lo positivo pero malas para lo negativo y porque cuando se ponen en contacto dos sociedades hay que espabilar o todas las ganancias se las llevará el más listo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

Cementerio abandonado



                Creo que nos dijo llamarse José y apodarse El Potente (también hay Potentes en Pozoblanco, nos aseguró), aunque en todos los letreros del bar del que es titular pone Potete. “No, no está abandonado. Es el cementerio nuestro, el de El Porvenir”. Llevábamos un buen rato charlando sobre el pasado glorioso de su aldea, él a un lado de la barra y Rafael y yo al otro, y había llegado el momento de marcharnos. Yo le había expresado que queríamos ir a ver un cementerio que aparecía en los planos como abandonado y le había preguntado por la forma de llegar a él.
                 Rafael y yo veníamos desde Peñarroya por un camino que sale de la calle Dos de Mayo y discurre en paralelo al ferrocarril de Almorchón, ahora en desuso. Durante buena parte del recorrido inicial vimos a la izquierda un huerto solar y, más allá, las construcciones, instalaciones y restos de lo que fue una de las más importantes áreas de trabajo de la zona minera de Peñarroya, en tanto a la derecha contemplamos todo el esplendor de El Peñón, la emblemática montaña que vigila la ciudad. Habíamos cruzado luego la vía del tren y, tras salvar el arroyo de La Parrilla (que a tenor de la vegetación que lo ciñe siempre debe de llevar agua), girado hacia la izquierda frente al cortijo El Palenciano (según reza el cartel que hay a su entrada, aunque en otros sitios he visto El Palaciano), que dista unos dos kilómetros de El Porvenir.

                El Porvenir de la Industria, que es una aldea de Fuente Obejuna, es una población limpia y bien cuidada, de casas nuevas, calles rectas trazadas en cuadrícula y un pequeño parque con una estatua que homenajea a los mineros. Para ir del bar Potete (o tal vez Potente) al cementerio hay que tomar la calle Andalucía adelante, dejando a la izquierda una pista polideportiva y a la derecha el descampado donde en otros tiempos tenían su parada los autocares de los trabajadores de las minas. Tras abandonar el pueblo, hay que cruzar por un arco que anuncia el merendero Nuestra Señora de Fátima, pasar entre el campo de fútbol (que cuando nosotros fuimos estaba comido por hierbajos) y la iglesia que construyó hace casi cien años la Sociedad Minero Metalúrgica y seguir adelante más de medio kilómetro, en paralelo al camino mejor que hay al otro lado de la valla que impide el paso a los terrenos de la compañía minera.
                 El Iberpix, que es la plataforma cartográfica del Ministerio de Fomento, apunta el lugar de esta forma: “Cementerio (abandonado)”. Desde la fachada principal, no parece estarlo. Está bastante bien encalado y es perfectamente legible un cartel con su nombre y una cita del Libro de los Macabeos que dice: Cementerio el Porvenir Ntra Sra de los Dolores. “Es una idea piadosa y santa rezar por los difuntos…” Pero en cuanto entras, se nota que el Iberpix no se ha equivocado.
                 Adentro, había un hombre mayor que nosotros parado frente a un nicho, como si rezara. Al vernos, se acercó y nos preguntó si éramos de la televisión. Le contestamos que no, lógicamente, pero quisimos saber por qué nos lo había preguntado. “Porque quiero que se haga público el estado en que el Ayuntamiento de Fuente Obejuna tiene a este cementerio”, nos dijo. Aquel día (finales de abril de este año), el estado del cementerio era verdaderamente lamentable, como no he visto otro en ningún sitio, y soy un habitual visitador de este tipo de inmuebles. Los jaramagos crecían sobre los tejadillos, había trozos enteros de la galería norte caídos y, como nos advertió aquel hombre, estaban a la vista algunos ataúdes. Tras señalarnos con dolor los nichos de sus familiares, algunos de ellos muy cercanos, aquel hombre nos habló del pasado glorioso de El Porvenir y de lo mucho que aquella riqueza había ayudado a Fuente Obejuna, que ahora se olvidaba de ellos de la forma más deshonrosa posible, olvidándose de sus muertos.
 Uno no acaba de entender muy bien cuáles son a veces los objetivos de los que nos gobiernan. Seguro que hay muchas fiestas que celebrar, muchos edificios que mantener, muchas asociaciones que subvencionar, muchos empleados públicos a los que pagar un sueldo y muchos expedientes que tramitar, y seguro que todo es justo y bueno para la sociedad, pero no creo que nada de eso sea tan importante como mantener con el mínimo decoro el lugar a donde hemos llevado los cadáveres de nuestros padres y de nuestros hijos. “Porque quiero que se haga público el estado en que el Ayuntamiento de Fuente Obejuna tiene a este cementerio”, nos dijo aquel hombre con el corazón destrozado. Y como a mí me pareció un objetivo loable, público lo hago, aunque yo no sea de la televisión y esto lo lean cuatro gatos.

domingo, 25 de mayo de 2014

La décima, agridulce

Aunque soy del Real Madrid, la "décima" me ha dejado un sabor agridulce. Esto es lo mejor que he leído hasta ahora sobre el partido. Merece la pena leer el artículo de Lorenzo Silva en "El Mundo".
Para enlazar con el artículo, pincha sobre la imagen


lunes, 19 de mayo de 2014

El desperdicio








             Mis padres me enseñaron que no había que dejarse comida en el plato. “Acuérdate de los que no tienen qué comer”, me decían. No pretendían con ello que acumulara reservas en forma de grasa para tiempos peores, sino inculcarme la idea de que todo desperdicio es inhumano y obsceno. En aquella época no había envases o había que devolverlos si querías que te dieran otro lleno, y todo alimento que no se podía guardar en el cajón de la mesa camilla, sobre el brasero de picón, se reciclaba en forma de alimentos para el gato, para las gallinas o para el cerdo que se criaba en el huerto.

            La forma de vida moderna ha impuesto la comida preparada o a medio preparar y con ella los envases y la caducidad de los alimentos, lo que es tanto como decir que ha originado el derroche de envases que se mandan a la basura y de alimentos que se tiran sin saber si están buenos o no, solo porque han sobrepasado una fecha de referencia. Afortunadamente, ya son muchos los que reciclan los envases y la crisis económica (y con ella la actuación de algunas ONGs) ha puesto de relieve el enorme despropósito ético y el sinsentido económico que siempre supone desprenderse de alimentos en buenas condiciones (ya es normal que los restaurantes te den un recipiente con la comida que te ha sobrado), pero especialmente cuando hay personas que están pasando hambre.
            El desperdicio es antinatural (la Naturaleza lo aprovecha todo) y sangrante en todo caso, pero lo es mucho más cuando viene de la Administración Pública. Lo es porque la Administración se financia con dinero de los contribuyentes (y contribuyentes somos todos) y porque lo que se desperdicia se podía destinar a otros fines. Cuando un gestor público se dispusiera a gastar, debería haber dos personas a su lado, y que una le dijera: “Acuérdate de los que han pagado estos dineros”. Y que le dijera la otra: “Acuérdate de los que no tienen qué comer”.

            El desperdicio es antinatural y sangrante aunque los impuestos sean muy progresivos, esto es, aunque pague mucho más el que más tiene, pero lo es especialmente en ámbitos en los que no lo son. Y en el ámbito local los impuestos son poco progresivos o no lo son. Así, el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI), que es el más importante, lo paga el que tiene una vivienda (en rústica, los pagos son muy bajos). Y si bien es cierto que normalmente se paga más por la vivienda más cara, también lo es que hay gente humilde con viviendas heredadas o antiguas que tributan mucho aunque sus propiedades no sean necesariamente mejores que otras, y es cierto que nadie puede prescindir de una vivienda, que en España suele disfrutarse a título de propiedad. De hecho, a pesar de la crisis, el IBI es el único impuesto que ha mantenido la recaudación, aunque de la crisis han salido más perjudicados los más humildes. Es decir, que los parados han seguido pagando el mismo IBI que antes o más, como lo han seguido pagando los poderosos.
            Si está mal desperdiciar el dinero cuando viene más de los que más tienen, peor está desperdiciarlo cuando viene de la sociedad sin hacer distinciones. Si para desperdiciar el dinero es siempre mejor dejarlo en manos de quien lo tenía, aunque sea rico (ni siquiera los ladrones románticos robaban a los ricos para quemar el dinero), con mucha más razón es mejor dejarlo en manos de la sociedad cuando se extrae de ella sin hacer distingos, como suele ocurrir cuando se trata de la sociedad local. Lo fetén y lo progresista es dejar que sean los ciudadanos, ya sean ricos o pobres, los que decidan qué hacer con el dinero que la Administración tira por la alcantarilla. Y he dicho bien: no es lo liberal (que también), sino lo progresista. O lo que es lo mismo, es más de derechas y más de izquierdas y mucho mejor rebajar los impuestos que cobrar impuestos para gastárselos en humo, porque los ciudadanos sí saben en qué emplear ese dinero.
             Viene esto a cuento porque el domingo pasado anduvimos por los alrededores de la ermita de la Virgen de la Antigua y vimos un observatorio de aves cerca del embalse que algunos planos llaman de Galapagar, junto a la Fuente de la Zarza, y un parque periurbano abandonados, como lo están otros muchos observatorios, parques, centros de visitantes, aulas de la naturaleza, albergues y otros terrenos, edificios e instalaciones semejantes o parecidos (y no tan parecidos) que han surgido por nuestra comarca en los últimos tiempos y ahora están sometidos al plan último de la Naturaleza, que consiste en devolverlo todo a su estado original.


            El que muchas de esas inversiones no se hayan realizado totalmente con dinero de los vecinos, sino con otro que ha venido de lejos, o incluso de muy lejos, no justifica en absoluto su ejecución, porque ese dinero se podía haber destinado a fines de más provecho y porque, antes que tirarlo, se podía haber quedado allí donde se ha generado, aunque ese territorio este habitado por personas más ricas que nosotros. ¿Daríamos nosotros dinero para causas supuestamente loables de gente más necesitada a sabiendas de que no va a servir para nada?
              Y tirar el dinero es incumplir los fines para los que esos edificios e instalaciones fueron construidos, aunque mientras se construían dieran trabajo. Un edificio o una instalación no se justifica por los jornales que da mientras se está construyendo, porque siempre hay una alternativa viable. Hay que pensar para qué se quiere y planificar una gestión, y hay que suponer que mantenerlo costará dinero, un dinero que han de pagar luego los vecinos. Si no se sabe qué va a ser de un edificio en el futuro, es mejor no hacerlo, por una cuestión práctica y porque el derroche resulta obsceno. Resulta obsceno hasta cuando viene de los ricos, cuanto y más cuando viene de los pobres.

            En fin, que se me ha ido el santo al cielo cuando me he acordado del observatorio de aves y el parque periurbano llenos de matojos, pero se me podía haber ido con muchos otros sitios, así que no quiero cargar las tintas con ninguno de ellos en particular. Fuimos a la ermita de la Virgen de la Antigua y caminamos por sus alrededores, en los que alterna la dehesa con los terrenos desarbolados. El día empezó gris y fresco, pero luego fue tomando temperatura y la mañana acabó casi limpia y un punto calurosa. En días así, a los caminantes les es grato hablar mucho, tomarse una cerveza al terminar y volver pronto a su casa.